Hace poco tome la decisión de alejarme de ti, a tal punto de decir que consideraras que estaba muerto. He estado pensando, si es que a todas estas ideas y reflejos en mi mente se les puede llamar pensamientos, si elegí el camino correcto. Tú para mí eres como la manzana prohibida, aquel fruto que tentó a Adan y a Eva en los inicios de nuestros tiempos. Te has convertido en toda una tentación que en algunas oportunidades me lastima con su belleza como lo hacen las espinas de las rosas. Es por eso que desde esta soledad me pregunto: ¿Será que hice bien? Esa última vez que hablamos me pareció lo mejor, dilapidarte de una vez, pero ahora me resulta incomodo no saber, como me dijiste en alguna oportunidad: “no saber si aún respiras”, como te trata la vida o las simples trivialidades que se colaban en nuestras conversaciones.
Lo único que quería hacerte saber con estas palabras, es que aún tu olor me embriaga y que tu imagen me persigue en cada una de mis noches de soledad…