En una de sus tantas noches de soledad, rodeado por la penumbra y la infinidad de pensamientos que le venían a la mente cuando observaba el techo, la imaginó.
Con una sonrisa impecable, el pelo negro azabache y la piel color ébano, se acercaba lentamente hacia él, con una mirada profunda y un tanto enigmática. Al tenerla cerca, notó el suave aroma que despedía su piel, ese que siempre la rodeaba y que a él lo perturbaba, llevándolo casi a la locura. Ya al estar los dos, con sus labios casi rosándose, decidieron fundirse en un profundo beso, mientras sus manos recorrían esos lugares tan ansiados de sus cuerpos, desde hace bastante tiempo. Lentamente la despojó de sus ropas, y la colocó suavemente en la cama, tratando de infundirle aquella confianza y cariño que él sabía ella estaba buscando.
Tal como lo había soñado, ella poseía una piel suave como el terciopelo y un aroma único, así pues procedió a besarla lentamente por todos los rincones de su cuerpo, mientras ella lo abrazaba y le susurraba palabras de cariño…. Y así dieron paso al amor, a ese acto donde dos cuerpos se unen para ser uno solo y expresar de manera carnal todo esos sentimientos encontrados que sentían el uno por el otro.
Y despertó, y se encontró de nuevo rodeado por la penumbra y la infinidad de pensamientos que le venían a la mente y cerró sus ojos y se dispuso a soñarla…