Llegó Navidad, y junto a ella, las tan ansiadas Hallacas de mi madre.


Cada diciembre nos robamos 2 días, y la familia en pleno se dedica a hacerlas. Como lo dicta la tradición familiar, los menos diestros amarran (puesto en el que me incluyo :p), y las mas experimentadas colocan la masa y el guiso. Los chiquitos de la casa, andan por ahí a sus anchas, aprovechando que los mayores están ocupados, para hacer desastres y liberarse por todos los rincones, bajando los adornos del arbolito y corriendo por cada lugar.

El proceso lo iniciamos con algunas ideas innovadoras, para las hallacas 2007, entre ellas, colocar entre los adornos huevitos de codorniz, y unos que otros detalles para el guiso. Luego de toda una noche con el guiso y una caja de cervezas, al otro día muy temprano comenzamos la faena.
Una hoja venía, una cuchara gigante de masa y guiso la recorría, y luego varias manos tomaban los pequeños pedazos de pollo, aceitunas, pasas, huevitos y encurtidos para darle vida y así enviarla a la estación de cierre y amarre. Toda una mañana con las hallacas, para un total de 80.

Tras un breve receso y una entrega con Morfeo, volvimos al proceso para culminar con los bollitos y las carabinas, estas últimas heredadas de la tradición familiar, que no son mas que unas minis hallacas pero nada mas de masa para comer con mantequilla y café….

Al finalizar el día, calentamos la primera tanda y ese olor característico inundo el ambiente, abrimos la hoja, y allí estaba tal cual como siempre la he comido desde que tengo uso de razon, una masa fina y un sabor espectacular, para así hacerme recordar esa canción tradicional mientras la degusto....

...Es que La Mejor Hallaca La Hace Mi Mamá....