Al final la campaña de Hugo Chávez para liberar a rehenes de las FARC, dio sus frutos y Clara Rojas y Consuelo González fueron puestas en libertad y traídas a territorio venezolano para dar las gracias y entrevistarse con el presidente venezolano.

Este acontecimiento, como siempre suele suceder, trajo un sin fin de impresiones desde algunos sectores políticos venezolanos, quienes se quejaron de que el gobierno no atiende la situación de las personas que son secuestradas en el territorio.

Desde mi punto de vista, creo que esta es una tendencia actual de algunos mandatarios, los cuales se preocupan por atender cuanto asunto esta fuera de sus países para así darse cierta fama a nivel internacional y ganar apoyo en diversos sectores, creo que es una cuestión de “juego de ajedrez”, planificar cada día una estrategia, aunque no puedo negar que Chávez exagera repetidamente con las ayudas que otorga a otros países, tratando de posicionarse como un Mesías suramericano.

A pesar de las quejas, creo que el detalle humanitario de liberar a estas dos damas, estuvo bien merecido para las familias colombianas y para suavizar un poco los roces entre Uribe y el presidente venezolano, los cuales últimamente no salían de una diatriba diaria respecto al tema de los rehenes y la misión de salvamento.

Pero como la felicidad no puede durar por mucho tiempo, hoy Hugo Chávez termino de poner la guinda en la torta, al pedirle al gobierno colombiano que deje de calificar a las FARC como un grupo terrorista, cuando actualmente, y gracias a los testimonios de las recién liberadas, podemos darnos de cuenta de los maltratos y estrategias que usa el grupo colombiano para con las personas que están bajo su poder.
Creo que Chávez volvió a demostrar que lo que hace con las manos lo destroza con los pies, y que pareciera que necesita estar enfrascado en un eterno conflicto de palabras con el gobierno de Colombia.