Todos los que habitamos en Caracas, esa ciudad que algunos bien llaman “Ciudad del Caos”, hemos de alguna manera u otra colocado un pie en esos largos autobuses pertenecientes al Metro de Caracas, y que sin intención alguna hacen que el pasajero tenga una experiencia fuera de lo normal.

La travesía comienza en el justo momento en que se esta en la parada para esperar a dicho medio de transporte, largas colas de gente con cara de molestia y de sentir que ha malgastado allí mas de media hora de su tiempo a la buena de Dios, llevando sol, soportando la lluvia o simplemente los malos olores provenientes del individuo mas cercano.

Luego la cosa empeora cuando es la hora de embarcar, puede ser que el pasajero este de suerte y se tope con un conductor que este de buenas y le brinde al usuario los buenos días o cualquier símbolo de cortesía dependiendo del momento, pero sí este se encuentra en uno de sus días puede ser que inicie una pelea por cualquier detalle. Luego de eso, la aventura puede tomar diferentes tópicos dependiendo del caso.

Si hay mucha gente, la persona puede sentir que literalmente se encuentra enlatada, tal cual atún o alimento perecedero, en medio de efluvios procedentes del sudor ajeno, música que brota ya sea de los ipods de otros o de los celulares de aquellos que parece que no conocieran lo que es un par de audífonos.

De vez en cuando, al clima se le ocurre volverse loco y generar una llovizna, cosa que empeora totalmente un viaje en MetroBus ya que el pasajero debe estar dispuesto a “disfrutar” una cola de mas de 1 hora y con todas las ventanas cerradas, porque pareciera que algunas personas fueran alérgicas al agua, prefiriendo convertir al autobús en un sauna ambulante que echarse una mojadita por unas cuantas gotas que caen del cielo…

…Próximamente, colocare los otros casos de este maravilloso viaje….