Algunos dicen que para estar bien contigo mismo y todos los que te rodean, tienes que llegar a una etapa donde medites y te deshagas de todas las posesiones, y simplemente te dediques a dar sin esperar nada a cambio, y es por eso que hoy, he decidido rendirme ante una bella mujer y regalarle algunas partes de mi ser.

Le doy mis ojos, para que vea y busque a través de ellos esa luz que a veces se que le hace falta cuando se siente en la oscuridad, y simplemente se enceguece y no logra ver mas allá de lo que le sucede, “mis ojos, el sol de los amaneceres de cada uno de sus días”.

Le permito que tome mis labios, para que los bese y sorba de ellos la dulzura que brota de mi ser, y se alimente cuando se encuentre sedienta o su boca este reseca, “mis labios, el alimento de su ser”.

Mi pecho, de ahora en adelante se convertirá en el lugar para que se refugie, se cobije y se acurruque cuando sienta frío, o necesite un sitio para reposar y pasar esos momentos de soledad, “mi pecho, la trinchera de sus sentimientos”.

¿A veces siente que pierde el equilibrio?, Para eso le dejo mis piernas a su disposición, para que se aferre a ellas y la use como bases para cuando sienta que simplemente, el mundo se le cae a pedazos y no hay algo para asirse, “mis piernas, los pilares de todas sus emociones”.

Ahora tan solo falta que ella me responda: ¿Aceptas mis humildes obsequios?