En la primera parte de Crónicas de MetroBus hablamos de lo tedioso que resulta ser cuando al pasajero le toca "disfrutar" de una travesía de pie en este singular medio de transporte, pero también suceden cosas particulares cuando se logra obtener un asiento...


Si el pasajero se encuentra sentado, también se ganará su pedacito de incomodidad cortesía del Metro de Caracas, para así llegar mas estresado y adolorido a su destino.

Uno de los detalles del MetroBus, son sus asientos de plástico con cortos respaldares, que hacen que una persona sienta que el cuerpo se le dobla y algunos huesos del cuerpo se tensen a consecuencia de las vibraciones que causa el motor del vehiculo que en ciertas ocasiones hace que vea que todan las cosas a su alrededor tiemblan y los vaivenes de adelante hacia atrás que se producen gracias a las colas y los frenazos de los chóferes, quienes tal cual el corredor de Formula 1 Michael Schumacher, manejan el autobús como si fuera un Ferrari.

Mientras continúa el viaje a través del tráfico, los anuncios de las próximas paradas comienzan a iluminarse, indicando que alguien desea bajarse para iniciar una nueva travesía a pie y así dirigirse a su destino final. En algunos casos, el chofer u operador hace caso omiso de las paradas y como consecuencia el desespero de los pasajeros hace acto de presencia, llegando a tal punto que, como pude ver en una oportunidad, un hombre pidió permiso para abrir una ventana y saltar por ella para salir de la unidad de transporte para la mirada atónita de todos los demás pasajeros.

Ya al llegar a su destino y lograr bajarse de la unidad, ya sea saltando por una ventana o sorteando a las demás personas que se encuentran agolpadas en la puerta, el pasajero termina preguntándose que podrá pasar en su próximo viaje de MetroBus, tal vez sea un viaje normal o alguna trifulca amenice la travesía que día a día, enlatados en un Metrobus, vivimos los Caraqueños.