Ya llevaban días encontrándose en el ascensor, y mientras los números iban contando lentamente, 1 , 2 , 3 , 4 y así hasta el piso 10, ellos jugaban a detallarse con la mirada y analizar cada detalle del otro. Así pasó una semana, hasta que un caluroso viernes, coincidieron temprano en la entrada del edificio de oficinas y como era de esperarse, nadie los acompaño en el camino hacia el elevador.

Entraron en el pequeño espacio de no menos de 2 metros cuadrados, y al unísono marcaron el número 10, para iniciar así un encuentro íntimo que ninguno de los dos se esperaba. Mientras el pequeño cubículo comenzaba su ascenso, él ya estaba con la mirada sumergida en el prominente escote de ella, y justo cuando el 1 se iluminó, se le acercó para propinarle un beso ardiente mientras sus manos iniciaban el ritual de recorrer aquellas piernas bien torneadas, tan solo cubiertas por una “micro” falda. El piso 2 ya había pasado y la respiración de ella, estaba acelerada y hacía que sus pechos danzaran fervientemente como queriendo salir de la blusa que los aprisionaba, por lo que las 4 manos se dedicaron a quitar con suma rapidez la blusa y el brassiere para dejar que los labios de aquel desconocido sorbieran y juguetearan con aquellos magníficos senos. Mientras el 3 aparecía, él de nuevo hurgó por las piernas de la chica, pero subiendo a través de los muslos y así darse cuenta, para su sorpresa, que su compañera de aventura no llevaba ropa interior y que la humedad ya estaba haciendo acto de presencia en esos rincones privados de toda fémina.

Al tocar el piso 5, ya la falda estaba en el piso, la camisa estaba desabrochada y la corbata estaba haciendo el papel de juguete erótico, al ser una mordaza que evitaba que los gemidos de la chica escaparan hacia otros predios del edificio, mientras sus cuerpos se fundían en uno solo y él tocaba los lugares mas íntimos de la anatomía de ella. Ya 3 pisos mas arriba, sus lenguas se habían recorrido, ella había succionado y probado algunos fluidos que caían del cuerpo de su amante desconocido y él para ayudarla en aquel orgasmo salvaje que la corbata no pudo contener, jugueteo con su lengua por los labios y demás puntos claves de la entrepierna de la chica, para también tomar un poco del sabor de ella…

…Al abrirse las puertas en la pequeña sala del piso 10, ya algunos trabajadores estaban iniciando la jornada diaria de trabajo y mientras los dos amantes salían del elevador, él le pregunto:
- Por cierto, cómo te llamas? -, mientras le dirigía una mirada un tanto pícara, - Ximena, y estoy en la oficina de aquel extremo – le respondió la chica, señalando una puerta blanca; y así sin mas ni mas siguieron su camino hacía un nuevo día que ya había iniciado perfectamente bien.