Foto tomada de The Big Picture 

Aquel día, lo invitaron a asistir a la inauguración de un museo que habían erigido para mostrar las evidencias de todas las atrocidades que había cometido una antigua dictadura en la época oscura de su país, y que él vivió en carne propia.

Su cuerpo azotado por el cansancio de unas 7 décadas, atravesó el umbral del edificio, el cual parecía tener millones de recuerdos contenidos entre sus cuatro paredes, continuó hacia cada una de las salas para observar las fotos, los grilletes y muchos otros objetos que él mismo había visto en el campo de concentración donde el se encontraba cuando tenía aproximadamente 25 años.

Caminaba pesadamente observando cada una de las imágenes, hasta que se detuvo en seco para observar a una persona en una fotografía que le resultaba extrañamente conocida, un joven con un uniforme desgastado por el sucio y una mirada triste escondida detrás de unos ojos grises. Siguió observando y no pudo contener las lágrimas, para luego señalar al joven y decirle a una persona que tenía a su lado: 
- Ese muchacho que esta allí, soy yo - , para luego observar las dos caras de la moneda: el joven y el viejo, y darse cuenta que los años a pesar de haber pasado, no habían envejecido tanto su piel y su mirada y ojos permanecían igual. 

Salvo algunas cuantas cicatrices de aquellos episodios que siempre quería borrar de su memoria, la vida no lo había maltratado tanto, por lo que siguió observando fotos con una sonrisa en su cara y de cierto modo feliz de haberse reconocido en aquellas imágenes.