Atras I



II

El sol brillaba hasta tal punto que parecía incendiar el horizonte y llenar de pequeñas chispas las copas de las olas, que juguetonas saltaban sobre la orilla de la playa para luego darle un baño a la arena y dejarla totalmente húmeda. Gabriel y Grecia, estaban sentados en la orilla, abrazados y absortos en su amor, cuando de pronto, él escucho un sonido muy fuerte y le preguntó:
- ¿Qué es eso que suena amor? – mientras el sonido se volvía mas intenso, y cuando él iba a repreguntar porque no obtenía respuesta, cayo en cuenta que lo que sonaba era una ambulancia que había roto el silencio de la noche, con sus sirenas centelleando a mas no poder, tal vez por una emergencia, sacándolo de su sueño repentino. Gabriel de nuevo estaba manejando su automóvil con el viejo a su lado recorriendo las calles solitarias de la ciudad, pasando cerca de algunos edificios con la mayoría de las ventanas en total oscuridad, y donde tal vez las personas dormían abrigados por sus propios sueños o pesadillas, para luego despertarse al otro día y entregarse a la rutina diaria de sus vidas. La luz amarillenta se reflejaba en el asfalto y de vez en cuando todo quedaba en una total negrura como consecuencia del desperfecto en el alumbrado público.
El viejo pasajero al ver que su piloto estaba en una especie de concentración profunda, tan solo mirando a través del parabrisas, le preguntó: - ¿Estas bien, hijo? Mientras lo miraba fijamente a los ojos y le daba a entender su preocupación de que estuviera manejando sin concentrarse en la vía y en lo que sucedía en el carril. 
- Si estoy bien – respondió Gabriel, - solo que mi mente me hizo una mala pasada y me llevó a un momento especial de mi vida, disculpe – dijo el muchacho, con un tono bastante cortes para su pasajero.

A pesar de haber rodado por un tiempo prolongado, a Gabriel le parecía que el tiempo estaba estático y que estaban dando vueltas sin sentido por la ciudad, aunque sabía exactamente donde estaba la dirección que el viejo le había dado. Nervioso, por sentir que el ambiente y la atmósfera estaban extraños, o producto de la estática del tiempo y el sueño del que había sido despertado por la ambulancia, encendió la radio para sintonizar de nuevo alguna música para quitarle a la noche lo lúgubre y solitario que tenía, y sin mas al posarse la aguja del viejo radio transistor en la 99.9 FM, sonaron unas notas y una voz rompió el silencio:
- ♪ And I think to myself, what a wonderful world ♪ the colours of the rainbow, so pretty in the sky ♪ -, era una canción melancólica que hablaba sobre un mundo maravilloso y hermosos colores en el ambiente, lo que pareció despertar los sentidos del viejo, que se dirigió a Gabriel:
- Esa canción me recuerda a mi época en la que era así como tú, joven y dispuesto a tragarme el mundo sin pensarlo, tan solo persiguiendo mis sueños -, tras lo cual dejó correr un leve suspiro, soltando una pequeña bocanada de humo producto del frío de la noche, y luego continúo: - ¿Cuantos años tienes, muchacho? ¿24,25, 26? - , y él respondió: - tengo 24 pero ya casi estoy en los 25, le dijo Gabriel mientras sujetaba el volante con firmeza y sus dedos giraban impacientemente uno de los botones del radio para escoger alguna otra canción, aunque como todo joven de hoy en día, ninguna le gustaba y lo que hacía era producir un gran ruido generalizado en todo el carro, por lo que el viejo le dijo amablemente: - no necesito la música, por mi esta bien si lo apagas -, por lo que 
con un suave giro de los botones, acabo con toda perturbación. 

Así pues, amparado por el silencio y con ganas de compartir todas aquellas experiencias acumuladas a través de los años con aquel joven, el viejo hablo de nuevo: 
- Yo a los 24 años era un joven bastante inusual, no quería casarme y solo quería viajar por el mundo y conocer gente nueva en cada lugar, eso de estar con una sola persona a mi lado no me convencía mucho y creo que le tenía miedo al amor -, frase que hizo que dejara escapar una mirada melancólica a través de la ventanilla y Gabriel posara sus ojos de manera incrédula para pensar que su pasajero era bastante inusual, debido a que según lo que tenia entendido en la época de antaño la gente se comprometía desde joven y a los 25 años ya estaban casados y con hijos. 

Mientras continuaban rodando, Gabriel aminoró la marcha y en una esquina giro a la derecha, para adentrarse en una calle desolada rodeada de lado a lado por casas con verjas azotadas por el tiempo, columpios que parecían no haber escuchado la risa de niños en años y jardines secos quemados por los constantes rayos del sol. El viejo pasajero, levanto su arrugada mano y le señaló a su chofer: - Detente frente a la casa con el portal rojo, por favor – tras lo cual, saco un fajo de billetes de una cartera de cuero un poco desgastada, contó un par de billetes y se los largo al muchacho. 

Gabriel, recordaba que el viejo le había dicho que su esposa lo esperaba en la casa con la cena lista, pero ninguna luz se filtraba a través de la ventana, por lo que se atrevió a decir:
- Parece que tardamos demasiado y su esposa ya esta durmiendo, disculpe si no vine aprisa – a lo que el pasajero respondió: - tranquilo hijo, mi esposa esta durmiendo desde hace muchos años ya, murió hace 10 años – 

Por lo que Gabriel tensó la cara ante la noticia y quiso disculparse nuevamente, pero solo logró articular: 
- Pero usted me dijo que lo estaba esperando - , a lo que el viejo respondió: - Eso es una costumbre que no me he podido quitar de la mente, debes pensar que estoy loco – no se preocupe, todos tenemos nuestro toque de locura, dijo Gabriel sonriendo.

- Hijo, ¿tienes algo que hacer?, si quieres pasamos y conversamos un poco sobre eso que te tenía tan pensativo cuando manejabas y yo te cuento mas de mi esposa -. 

Gabriel asintió con un gesto, apagó el automóvil y se dirigió a la puerta con el anciano a su lado…..