"El hecho de pensar que se esta cuidando y amando a los hijos no quiere decir que en realidad eso este sucediendo".

La sobreproteccion, las ansias de querer que una hija haga cosas que se creen que son buenas, la constante represion de ciertas actitudes, reclamos por cierto libertinaje y la manera de realizarlos, entre otras, pueden derivar en problemas familiares de gran escala que terminarán afectando el entorno de esa hija "supuestamente" amada.

A través del tiempo me he dado cuenta que el amor implica libertad, dejar que esa persona querida abra sus alas para que conozca por si misma el mundo, es decir, que se desarrolle en solitario. Lo contrario sucede a veces, cuando una madre se cree una deidad a la cual hay que adorar, respetar y obedecer sin derecho a reclamo de cualquier tipo, debido a que según esta, simplemente por el hecho de haber dado a luz a una hija, ya esto le da derecho para estar por encima de ella en todos los niveles, es decir, la hija no es un ser pensante sino simplemente una extensión de la conciencia y la mente obtusa de una madre.

Dónde quedó aquello de que una madre debe ser más que todo una amiga, una hermana, una persona en la que confiar todas las cosas que suceden a diario, es decir, un pilar de apoyo? Creo que una madre que no aplica esta enseñanza simple de la vida es porque en su mente esta reprimida, frustrada y constatemente temerosa de que al darle libertad a su "retoño" este se le escape de las manos.

Por eso es que mi simple análisis de esta situación me lleva a pensar que a veces la "esperanza" si se puede perder y agotar, por lo que una madre al ser superior a su hija esta obligando a esta a buscar en otros lugares lo que necesita, claro está, si no se ciega y por miedo o temor prefiere sumirse en las faldas y locuras de esa persona que le dio la vida y que por ello siempre deberá estar agradecida.

En conclusión, "No hay peor ciego que el que no quiere ver" y que el orden de la vida es muy simple: nacer, crecer, desarrollarse, formar una familia y morir; y que esto implica que los hijos deben dejar el nido de los padres para hacer su propio camino.