¿Qué pasaría si escucharas música sin escucharla? ¿Si bailaras al son de unas notas que no existen? ¿Si vieras luces de navidad adornando casas totalmente oscuras?, y muchas otras cosas que parecen de otra dimensión o un mundo inexistente, esas preguntas les fueron respondidas a los pobladores del pueblo merideño de Santo Domingo durante la semana del cuatro al ocho de enero, mientras celebraban las festividades de Reyes Magos y también las de su patrona.

Santo Domingo durante esa semana se apartó de ese ritmo de vida tranquilo de sus habitantes, para albergar a visitantes de los pueblos cercanos, especialmente de Barinitas y la capital, y así darle paso a una fiesta constante que llenó los hoteles, posadas, restaurants y cualquier otro local comercial, generando una actividad que descontroló la demanda de energía en el sector.

La llegada de los visitantes era recibida por un jolgorio desde el mismo lunes, cuando en la plaza del pueblo se colocaron tarantines y kioscos con toda clase de comida, juguetes para los más pequeños, la cerveza bien fría, juegos de azar, toda clase de chucherías de feria, las infaltables cotufas y el algodón de azúcar.

Al caer la noche, la música daba inicio a la fiesta en aparente normalidad, con gente bailando y toda la plaza iluminada con la típica imagen de un pueblo andino venezolano, y tras unos minutos de fiesta, el baile continuaba pero con un detalle particularmente especial, la luz había fallado de nuevo como lo había venido haciendo durante todo el mes de diciembre dejando todo a oscuras y a las parejas de bailarines siguiendo una canción inexistente como consecuencia de la falta de energía eléctrica.

En medio de la total oscuridad, una pareja conversaba acerca de temas en común, los niños jugaban con sus carros de madera alrededor de la plaza, unas cuantas personas bebían y otros lanzaban los dados en una mesa improvisada de juegos de azar, así mientras pasaba el tiempo, la luz volvía y se iba en períodos cortos.

Así continuó la semana en Santo Domingo, en las mañanas el pueblo se sumía en la rutina diaria, regando el campo, buscando la leña para las chimeneas nocturnas, los turistas con sus gorros y guantes para ir a los lugares con el clima frio de la región y así hasta caer la noche, cuando de nuevo todo caía en la oscuridad y los pobladores celebraban sus fiestas sin luz para recibir un seis de enero a los Reyes Magos con la estrella apagada.

Imagen de Edo