Un viaje está lleno de obstáculos, de caminos tortuosos, de monstruos que nos aterrorizan y que en ciertas oportunidades se alojan en nuestra alma porque nosotros mismos los creamos, como lo dijo en Ítaca, Constantino.

No debes temer si estás concentrada, si tu alma es pura y tu conciencia está tranquila, esos monstruos y obstáculos desaparecerán del camino para darle paso a una luz que te guíe hacia el final de manera pacífica y tranquila.

Ten presente la meta, y trata de que no llegue a ti de manera rápida, sino lentamente para que puedas aprender de cada caída, de cada problema y de cada desilusión, tu meta es lo más importante y si la tienes presente llegará, tal vez cuando hayas tomado todos los conocimientos, llegue a ti esa ansiada meta.

Ese lugar donde llegues te recibirá con los brazos abiertos, te dirá que ya has logrado lo que merecías y que aprendiste durante tu rumbo, que los conocimientos son parte de ti y nadie podrá quitártelos.

Tal vez cuando llegues tu meta no era lo que esperabas, eran diez minutos de temor y luego todo continuará igual para muchos, pero para ti será un nuevo mundo, una nueva oportunidad que tu meta te regaló aquel día que la emprendiste y que culminarás exitosamente, llena de alegrías, de conocimientos, de bondades y de riquezas en todo sentido.

Ese día cuando tu meta ya haya pasado a algo cumplido, entenderás que significan todos los objetivos que nos trazamos y el valor de cada uno.