Durante las vacaciones de verano en la isla española de las Palmas de Gran Canaria decidí concretar una reunión con el maestro Armando Reverón, me enteré que él se encontraba allí estudiando las líneas y figuras del casco histórico de la zona de Vegueta y como me contó luego, en la nación española se sentía cómodo porque recordaba la época en la que ingresó a la Escuela de Artes y Oficios para mejorar sus capacidades en las artes y la pintura.

Logré conseguir el número telefónico de su habitación de hotel, ya nos habíamos visto y conversado rápidamente en Caracas en el salón que le dedica la Galería de Arte Nacional a su obra, sólo le dejé un mensaje en la recepción: ¡Maestro, es Gustavo, estoy en Las Palmas y me gustaría realizar esa entrevista que no hicimos aquella oportunidad que nos vimos en el museo, si está interesado me puede llamar para vernos!.

En horas de la noche recibí un correo electrónico donde el maestro Reverón me proponía vernos en la zona sur de la isla, cerca del faro de Maspalomas, él iría a esos lugares para observar los colores que produce el sol al reflejarse en las ondas de las dunas y los atardeceres de la costa porque estaba realizando algunos bosquejos para sus próximos cuadros, al parecer estaba retornando a la corta época de su período sepia donde pintó paisajes portuarios.

Al día siguiente en la tarde, llegué al sur de la isla y a los pies del faro divisé al maestro, tenía unos lentes de pasta, una larga y descuidada barba, su “pumpá” o sombrero de copa negro que siempre usó y con el que se le puede ver en sus retratos, una casaca verde oliva, bermudas color beige y sus dedos sostenían una pipa. Me acerqué, le extendí la mano y lo saludé: ¡Un placer conocerle al fin!, exclamé mientras me fijaba en su mirada, sus ojos parecían estar absortos en una realidad paralela que aún estaba lleno de las sobras de esa esquizofrenia que lo azotaba constantemente, me saludó y comenzó a caminar a mi lado.

Mientras nos desplazábamos a través del malecón que conducía a playa El Inglés, Reverón observaba las olas iluminadas por el sol y la gente que pasaba a nuestro lado, algunos trotando, otros se detenían a tomar fotos y aquellos que caminaban, simplemente, observando todo a su alrededor. Él decidió romper el hielo y con esa mirada perdida con la que me había visto cuando le extendí la mano, señaló un rincón desierto de la playa, y luego dijo con una voz gruesa y solitaria - Vamos a sentarnos en esa orilla para sentir la arena, y recordar aquella época cuando observaba el mar desde mi Castillete en Macuto.

Nos descalzamos y ambos quedamos absortos viendo el paisaje, el maestro Reverón mantenía su mirada fija en el agua, grabando cada detalle en su mente para luego recrearlo sobre un lienzo, yo tenía miedo de sacarlo de ese estado para comenzar la entrevista pero debía hacerlo.

Decidí iniciar la conversación que desde hace tiempo deseaba tener con él, - Maestro, usted siempre estuvo interesado en la naturaleza y esos majestuosos paisajes de la costa, sobre todo Macuto, ¿Cómo puede comparar a la Guaira actual y la de aquella época en la que caminaba junto a Juanita en los amaneceres?
Reverón comenzó recordando las curvas de su amada, y en sus palabras la rememoraba como la musa que lo inspiró y que lo acompañó durante toda su carrera pictórica, como modelo e incluso como ayudante para cargarle todos sus instrumentos, paletas y pinturas a donde quiera que iba.
- Para mi retornar a la Guaira, luego de mi viaje a España fue como una señal de Dios, allí logré conectarme con la naturaleza para plasmar sus colores, sus formas y la claridad que bañaba la costa diariamente. Por ello es que Juanita y yo decidimos quedarnos y vivir en el Castillete, para lograr convivir con toda esa majestuosidad. Si hoy me pidieras que te hablara de Macuto y la Guaira, no podría hacerlo porque toda esa luz que me enamoró cuando llegué de Europa se ha perdido y solamente queda la oscuridad en aquella ciudad que fue tan hermosa.

Ahora que habla de su paso por Europa, usted logró formar parte de los conocimientos derivados de otros maestros como Goya, Monet, Cezanne y demás artistas claves de la época, ¿Cómo piensa usted que la obra de esos artistas e incluso la suya es mostrada y fomentada por parte de los organismos venezolanos?
- No sé qué decirte respecto a eso, mi meta nunca fue darme a conocer u obtener reconocimiento, por ello siempre estuve prácticamente enclaustrado en la Guaira. Sin embargo, creo que sólo exhiben mis cuadros en un “saloncito” de la Galería de Arte Nacional de Caracas mientras que acá en Europa y otros países de primer mundo me reconocen como un gran impulsor de la pintura latinoamericana y dan muestra de ello cada vez que pueden. En relación a los demás maestros europeos, realmente no tengo idea de si son o no apreciados en Venezuela.

Ya que menciona el “saloncito” de la Galería de Arte Nacional, el gobierno ha fomentado varios planes sociales llamados misiones, pero aún no ha lanzado uno que se enfoque netamente en el movimiento cultural, ¿En su época se sintió apoyado por el círculo cultural venezolano y los entes gubernamentales o estuvo a la deriva?
- Qué puedo decirte, creo que en mi vida siempre estuve un poco a la deriva, primero por mis enfermedades y también porque no quería formar parte de algo grande que me absorbiera. Te podría decir que fui feliz con el trato que se le dio a mi obra, formé parte del círculo artístico caraqueño que de algún modo se renegó y comenzamos a pintar al aire libre y luego con mis obras me permití hasta pagar algunas cosas cuando no tenía dinero. Pintaba para calmar mi mente y aquellas cosas que me llamaban la atención, por lo que nunca esperé nada de nadie, pero hablando de la época actual creo que sí es necesario que fomenten la cultura en el país para que exista nuevamente una corriente artística en el país que pueda ser exportada.

Mientras seguía observando el mar, colocó más ligadura en su pipa y comenzó a hablar aparentemente cosas sin sentido, nombró de nuevo a Juanita que al parecer estaba corriendo desnuda por la arena, recordó que necesitaba el cinturón que se amarraba alrededor de su estómago para evitar que la locura subiera a su cabeza y llamó a sus pies al mono que tenía como mascota y el que le acompañaba durante la ejecución de sus cuadros. Yo sólo tomaba nota de cada detalle que el maestro lograba sacar de sus pensamientos mientras lo miraba.

Hablemos un poco de su bienestar mental y todas las excentricidades que tuvo al pintar, qué me puede decir sobre ello, algunos de los críticos de su obra lo catalogan de un loco, mientras que otros lo colocan en el campo de la genialidad, y eso mismo está sucediendo en Venezuela al referirse al Presidente de la República, ¿Para usted la genialidad tiene un toque de locura?
Se notaba que le había hecho una pregunta un tanto compleja al Maestro, por primera vez durante la conversación que sosteníamos volteó a mirarme pero con una mirada real, como si hubiera regresado de su universo paralelo, jugueteó con sus dedos sobre su larga y canosa barba para luego volver a mirar al mar.
- Te responderé con las palabras de mi psiquiatra Héctor Artiles, “aquellas personas que parecen fuera de la realidad pero que logran hacer algo con una capacidad perfecta, simplemente tienen un don que algunas veces se les va de las manos”. Como acabas de ver, a veces la esquizofrenia que me ha azotado durante toda mi vida se apodera de mí, pero no por ello dejo de pintar y hacer lo que me gusta. Así que efectivamente creo que la mayoría de los genios estamos locos de alguna manera u otra, porque vemos más allá de lo real.

Cambiando a las metas que tuvo Reverón, ¿Qué le faltó por hacer y si hoy tuviera que entrar en un nuevo período de su pintura a parte del blanco, azul y sepia, cuál cree que sería el color que dominaría su obra y qué tomaría cómo musa para inspirarse?
Es una buena pregunta, creo que exploré y expandí la gama de colores que usé durante mi fase artística, pero a mi parecer si regresara a la Guaira para pintar entraría en una fase de desolación,
- ¿Cómo la llamarías tú? Ante tal pregunta me quedé pensando unos minutos mientras observaba que el sol ya caía detrás del horizonte y le respondí al Maestro, - Podría ser el período oscuro o negro -, ¡Muy bien!, dijo Reverón, usaría una paleta de colores negros pero sin caer en lo sepia. En estos momentos eso es lo que me transmite mi ciudad, oscuridad por donde la mire porque la luz se ha perdido, prácticamente todo lo que conocí cambió y luego quedó en ruinas tras el desastre natural que aún la administración pública no ha logrado borrar de la memoria de los que alguna vez habitamos allí.

Al parecer Reverón ya estaba entrando en inquietud por lo que decidí cerrar la entrevista para dejarlo ir, Maestro, ¿Piensa que algún día su Castillete, sus obras y su recuerdo estará en los libros de arte venezolanos y sea pieza clave de enseñanza para esos futuros artistas?
- Realmente no lo sé, creo que para ello falta mucho y sin embargo no pienso que alguna vez me rescaten, a veces hasta asumo que fue mejor quedar en el olvido y continuar mi vida en el anonimato y en la soledad, ¿No te has dado cuenta que siempre sucede así?, llegas a la cima pero luego caes y muchos ni saben que exististe.
El Maestro Reverón volteó a mirarme y sin mediar palabras se fue quitando poco a poco la ropa, yo me quedé en el sitio mientras veía como iba quedando desnudo.

Se levantó y me estrechó la mano, - Creo que es hora de ir a nadar -, se dirigió hacia el agua y pude observar como su cuerpo se iba sumergiendo, volteó y me gritó, - Acompáñanos, Juanita quiere que nades con nosotros -, me di cuenta que el Maestro nunca había abandonado a su amor y sólo logré responder, - No se preocupe, naden ustedes hasta que queden exhaustos yo por hoy he terminado, en otra ocasión los acompaño, así que el cuerpo de aquel viejo comenzó a dar brazadas hasta desaparecer por completo en el agua.

Comencé a recoger mis cosas y al voltear a la arena, vi en el sitio donde estuvo sentado uno de los pintores más prodigiosos que ha dado Venezuela unos garabatos de los techos caraqueños y asumí que el Maestro aún continuaba con su mente en la vieja Caracas y la Guaira.