Venezuela desde principios de año está atravesando por una situación económica tambaleante que ha afectado todos los sectores. En materia alimentaria no existe esa independencia que usa de bandera el gobierno, y mientras más empresas y haciendas se expropian, los venezolanos sufren los embates de la escasez y el alza en los precios.

Es por ello que constantemente organismos como la Confederación Nacional de Asociaciones de Productores Agropecuarios (Fedeagro) y Consecomercio han hecho un llamado de alerta a la ciudadanía en general. De acuerdo con cifras presentadas, 60% de la carne que se consume en el país es importada mientras que la mayoría de tierras que ahora posee el Estado se encuentran improductivas, generando así un grave atentado contra la cesta básica.

Esta merma económica interna también produjo hace poco más de un mes un problema judicial, cuando aproximadamente 18 carniceros fueron acusados de especuladores por el Ministerio Público. Días después del proceso, una comisión del gremio visitó la Asamblea Nacional y adujo que el verdadero problema era la poca efectividad gubernamental para suplir de materia prima a las carnicerías del país.

Desde ese momento han surgido otros casos que evidencian la profunda crisis que se vive y que nos lleva a preguntarnos, que sucederá en el sector alimenticio. En la última semana de mayo, almacenes de las Empresas Polar fueron constantemente fiscalizados por presentar según denuncias del Seniat diferencias entre el inventario y la cantidad de mercancía real.

No cabe duda que la revolución socialista liderada por Chávez ha intentado cubrir la demanda de productos de primera necesidad expropiando y echando mano de todo lo que está alrededor ya establecido, provocando así un cerco en la producción que promete expandirse al finalizar 2010.