Su único juguete para distraerse durante la mañana era una réplica de una Glock 9mm con mira láser, con la que se divertía durante el día imaginando que mataba a los hombres malos.

Así había transcurrido su corta vida en aquel país signado por la guerra, cinco años atrás el territorio fue invadido por una fuerza extranjera que supuestamente era de los buenos, pero su familia no lo creía así que comenzó a inculcarle desde pequeño la fuerza y los ideales para defender su casa a toda costa.

Los carros de juguete, muñecos de acción, los juegos de video y otro tipo de distracción eran remplazados por hombres de verdad a los que les apuntaba diariamente. Esos invasores parecían de otro mundo, con sus caras de piedra, lentes oscuros, blandiendo armas que día tras días asesinaban a gente de su país y trataban de calmarlo con palabras que no entendía cuando una explosión ocurría.

Sus hermanos mayores le hablaban de Alá, alguien que estaba en los cielos, que era el más poderoso de todos y que sería el que los salvaría de todos los hombres malos. El niño no entendía nada de ese ser poderoso, pero aún así cada vez que tomaba la pistola de juguete su papá le decía que por Alá haría algo muy importante que cambiaría la vida del mundo…