Soñé. Navegaba dentro de un bote en medio de un mar oscuro. La Luna convertía las ondulaciones de las olas en un brillo de cristal. Dormité un poco en las tablas de la proa, y al abrir los ojos allí estabas junto a mí.
- No puedes tocarme, mi mente está contigo pero mi cuerpo duerme muy lejos -, me dijiste al verme.

Por eso no intenté acercarme, admiré tus ojos, tu cabello y tu piel. Conversamos de las noches en que hacíamos el amor, de tus miedos, los míos, tus anhelos y deseos. Una ballena pasó respirando bañándonos de agua salada, los delfines golpeaban la madera y tu mirada denotaba cierto temor. Hablamos con los ojos, sin tocarnos hasta que te dije, -Te deseo-. Tus manos deslizaron tus pijamas quedando tu cuerpo desnudo. Tus senos, cintura, vientre y piernas quedaron a la intemperie. -Quiero tocarte-, y me repetiste que no podía. Volteaste al horizonte y mencionaste que el sol estaba saliendo.

Observé, el sol efectivamente salía macizo sobre el horizonte, -Tienes razón- respondí, pero ya no estabas junto a mí y la costa se dibujaba frente al bote.