El periodismo es una cuestión de pasión, de querer comunicar la verdad y de aportar, a través de la información, un posible granito de arena que pueda desencadenar un cambio en la historia de una sociedad.


Y le digo cuestión no por desdeñar el título universitario que estoy cerca de obtener, sino porque esta carrera del periodismo es joven, y antes, cualquier persona con un instinto para buscar la información y un buen manejo del idioma podía figurar dentro del campo de los medios de comunicación.


Hoy sin duda, se hace necesario estudiar más a fondo, para obtener la técnica necesaria, el aprendizaje y conocer cómo difundir una noticia, porque sino como lo dice el periodista Ramón Hernández en su artículo de opinión “Bala de tinta”, se podría caer en el juego del querer figurar, de alimentar un medio con dinero y no con información veraz y olvidarse de los meros principios que se enseñan en las aulas de una casa de estudios de educación superior.


En una sociedad como la actual, sesgada por profundos cambios políticos se hace casi imposible aplicar la objetividad, porque siempre con una información se beneficiará a un partido político, a una persona, a un inocente acusado de manera injusta o se le dará un empuje a la balanza a favor de un suceso.


Es por ello que el periodista debe cobijarse en la verdad, informar sin dejarse llevar por actores políticos, porque al final lo que ocurra tras dar una noticia o “tubazo”, no está en manos del que tenga la pluma sino de cómo lo interprete el lector, al final se habrá cumplido con el principal canon de la profesión: informar de manera veraz y cumpliendo con la objetividad.