Evocándote en mi mente logro descifrar el motivo del por qué sigo pensando en ti, es que definitivamente eres incomparable con aquellas cosas que he logrado experimentar en mi vida.

Disfrutar de un atardecer solitario en otro continente, rodeado de dunas, del frío océano, de gente desconocida que habla otro idioma no se compara con la posibilidad de ver tu rostro iluminado por el color naranja de una puesta de sol en tu ciudad.

Recorrer carreteras solitarias, observando un paisaje selvático y coronado por una naturaleza majestuosa, no puede compararse con lo maravilloso que fue descubrir la "Naturaleza Salvaje" de tu manera de ser y tu cuerpo.

Caminar desnudo por las calles de Caracas, junto a miles de personas, esa libertad de poder lograr estar en sintonía con mi cuerpo y mi entorno, no se iguala con la tranquilidad y paz que logré sentir al estar junto a ti leyendo un libro en el porche de tu casa.

Manejar a 170 km/h en una autopista, sintiendo cierto peligro, cierta tensión, cierta emoción generada por la velocidad no me produce la misma sensación que tus besos, esos que encendían mis hormonas, echaban a volar mi imaginación y que tensaban mi cuerpo.

Sin pensarlo dos veces, te repito que eres incomparable y me llenaste de las emociones más espectaculares que jamás pude sentir o experimentar.