Recuerdo aquella vez que aprendimos a conocernos. Yo te mostraba este blog, tu curioseabas en mis post y decidiste leer mi meme de las 101 cosas.

Esa noche estuvimos despiertos hasta altas horas de la madrugada, yo te explicaba cada detalle que leías y tu simplemente escuchabas, observabas o reías. Digamos que tus deseos de saber de este humilde soñador me prendaron.

Al culminar prometimos que una noche también haríamos tu lista, no solo para pasar un buen rato sino para que yo pudiera descubrirte. Y así lo hicimos, al culminarlas caí en cuenta de que tenía la oportunidad de encontrar un tesoro.

Hoy todavía esa lista está en mi computadora, y confieso que nuevamente quiere ser leída, y tal vez, actualizada; porque aprendí tanto de ti que sería capaz de hacer "Los mil y un sabores de chocolate".

Pero sé que a mis pocos lectores, incluyéndote, no les agradaría la idea de ver una lista tan larga de cosas tan ¿nuestras?, porque la privacidad es algo importante y no publicable. Por ahora solo puedo guardarme esa lista fantasiosa en mi cabeza y compartirla con los dos que duermen a mi lado, esperando a que...