Desperté y allí estabas. Tus cabellos de azabache descansaban con una naturalidad pasmosa sobre mi almohada, tus labios se movían por una maña que guardabas desde tu niñez y tus ojos aún permanecían cerrados.

Para percatarme de la realidad de tu presencia, comencé a acariciar tus facciones. Recorrí la curva de tu nariz pequeña y perfecta, esa que en un principio me pareció hecha por un cirujano, besé tu frente y jugaba con las hebras de tu pelo.

No despertabas todavía. Mis dedos comenzaron a recorrer tu cara como si fuera una montaña rusa. Desde la frente caían por tus ojos, saltaban por tu tabique y se acercaban tímidamente a tus labios. Y así sucesivamente en un juego interminable.

Al fin me atreví a despertarte, suavemente besé tu boca. Tus ojos negros profundos se expandieron como el milagro de la creación, me devolviste el beso y te acostaste sobre mi pecho.

Poco después me miraste, -Lindo, tuve una pesadilla, soñé que ya no estábamos juntos...

-Tranquila- te dije; comenzamos a acariciarnos nuestras orejas, y volvimos a dormir.

PD: Gracias