Esa mañana el ambiente era silencioso, natural y tranquilo, el cementerio estaba desolado, aún las familias no llegaban a visitar a sus seres queridos para darles cariño. El murmullo de los pájaros que aleteaban en el cielo, el ruido de las hojas bailando con el aire y una extraña atmósfera de quietud eran mis únicos acompañantes.

Yo estaba sentado observando la lapida de mi padre, luminosa y dorada por los reflejos del sol. Pensé en todos los días que había pasado en ese banquito hablando con él a solas, los minutos fueron transcurriendo, no pude notar que alguien se acercaba y se colocaba a mi lado.

Al voltear para observar quién me acompañaba, no pude evitar dejar que un escalofrío me recorriera.

Con sus lentes de pasta fina, bigotes perfectamente arreglados y una mirada serena, mi papá me estaba haciendo compañía.

-No temas ni te impresiones hijo, mi cuerpo está en esa tumba pero mi alma está acá contigo, conversemos un rato-, me sonrió, se acomodó los lentes en la nariz y comenzamos a hablar.

Él me comentaba de esos seis años que había pasado en ausencia, de cómo se vivía en esa eternidad que algunos añoraban y del por qué en ese momento decidió conversar conmigo.

Ya la gente comenzaba a llegar, un desfile de lágrimas, nostalgias y pesares llenaban el lugar. Una señora ataviada con luto severo me dio los buenos días, su mirada se fijó en mí y sacó una de las rosas que tenía en el ramo. - Estas son para mi esposo, pero creo que una no está de más para dársela a alguien que al parecer también la necesita-, agradecí y cuando la dama se alejó se la largué a mi padre.

Una infancia inusual para un niño normal

Me levanté del banco, me acerqué a la tumba y coloqué la flor en uno de los bordes, desde su lugar mi papá me dio las gracias por el regalo e hizo un gesto para que me acercara. Pude notar cierta añoranza en su mirada, así que decidí a buscar el motivo de aquella visita espiritual y averiguar qué era lo que sentía.

- ¿Qué recuerdas de tu vida, aún puedes retornar a lo más sencillo de tu existencia?

Mi padre me miró con tristeza, - Recuerdo todo hijo, incluso mis momentos de niñez más sencillos y que alguna vez te conté. Mis estadías en el abasto cercano a la casa de Plan de Manzano, sentado en un saco de arroz viendo las Aventuras de Rin Tin Tin en un televisor en blanco y negro, esos días eran simples pero normales para un niño de mi edad.

- ¿Fuiste feliz en esa época o solamente crees que te dejaste llevar por lo que querían mis abuelos?

Gustavo, todos los niños son felices sin saberlo, sabes por experiencia propia que al llegar a la adolescencia todo se complica. Marina, tu abuela, hizo todo lo posible por mantenerme como un niño normal a pesar de las andanzas políticas de tu abuelo, que de un momento a otro me llevaron a ser un poco distinto.

-Hablemos de eso, sino te molesta, ¿Cómo veías a los ocho años lo que ocurría dentro de la familia por la persecución política, las eternas mudanzas y a veces las detenciones de mi abuelo?

A mi padre, se le iluminaron los ojos, se quitó los lentes y colocó la mano sobre mi pierna, una pequeña ola de calor me recorrió. - Tu abuelo fue un luchador empedernido, realmente creía en la doctrina comunista y estaba empecinado en luchar contra Pérez Jiménez. Es cierto que tuve que adaptarme a ciertas cosas, como leer en público convocatoria para mitines, ayudar a mi abuela a llevar comida a los calabozos de la prisión y muchas otras encomiendas, pero desde mi punto de vista fueron experiencias que hicieron mi infancia un poco inusual pero al final logré disfrutarla.

- ¿Estás seguro que lograste disfrutarla?, sé que es una pregunta cliché pero ya para cerrar con esta parte del pasado, ¿qué cambiarías de esa época papá?

Se levantó del asiento y comenzó a caminar en círculos, meditabundo, esbozando sonrisas mientras gesticulaba con las manos. - Sí la disfruté, sin duda esos momentos llegaron a convertirme en lo que fui y lo hice bien, porque formé una hermosa familia, 2 hijos y dejé a una chiquita. Si me pides que cambiara algo, tal vez hubiera deseado tener un poco más de calor familiar cuando era más pequeño.

Él seguía caminando, se acercó a la tumba y leyó en voz alta el epitafio que tenía la lapida..., me observó, - ¿Cómo están ellas?...

Un presente bastante conocido

Su pregunta me extrañó, me quedé un rato dubitativo pensando en qué responder ante sus dudas, pero se me ocurrió que tal vez mi padre estaba buscando no una respuesta para él sino una que funcionara para calmar algunos de mis temores que tenía en el presente, por lo que no pude evitar repreguntarle.

- Pues, ¿acaso es mentira eso que dicen que desde el más allá todo lo ven?, tu más que nadie deberías saber cómo se encuentran mi mamá y tus dos hijas

Mi papá esbozó una sonrisa ante esa respuesta,

- Realmente te has vuelto un poco astuto hijo, tienes razón, yo más que nadie sé lo que pasa en sus vidas diariamente, solo quería saber si estabas pendiente de la familia ahora que eres el hombre de la casa. Sé que tu mamá está bien, mi hija pequeña ya es toda una señorita y que mis nietas están creciendo a paso veloz. Respecto a ti, tengo ciertas dudas que quisiera aclarar.

La respuesta de mi papá me sacó de la tranquilidad que había tenido hasta ese momento, al parecer él estaba preocupado por mí y yo sabía las razones. Una avalancha de recuerdos me invadió, noches enteras sin dormir, terapias para buscar ayuda y un montón de cosas me cortaron la respiración. Sin embargo, traté de controlarme para seguir con la conversación.

- ¿Qué se siente estar de espectador ante lo que nos ocurre? ¿Te gustaría de algún modo cambiar nuestras vidas?

Nuevamente volvió a sentarse junto a mí, colocó una de sus manos sobre mi hombro y me dirigió una mirada como esas que me daba cuando era pequeño,

- Quién te dijo que yo no estoy haciendo nada por ustedes, siempre estoy pendiente de los que quiero y evito que le ocurran cosas malas, no soy tan poderoso como Dios pero logro hacer algunas concesiones con el destino. He sido espectador de todos sus logros, de sus fracasos y si te adelanto algo, creo que los Pérez será una generación bastante larga si te lo propones, porque tú eres el que puede darle continuidad al apellido.

Nuevamente noté que mi padre quería entrar en un tema complicado, al parecer insistía en llevar la conversación hacia mi persona, así que en un último intento, dando patadas de ahogado para evitar hablar de mis pesares le lancé otra pregunta, esta vez yo fui el que me levanté del asiento para mirarlo fijamente.

- ¿Quisieras estar con nosotros acá, acompañándonos, conviviendo y tal vez disfrutando de todo lo que hacíamos cuando yo era un niño?

La mirada de mi papá se endureció un poco, él no era un hombre de molestarse,

-Para qué preguntas eso Gustavo, sabes que no hay día en que tanto ustedes como yo quisiéramos que yo estuviera pisando la tierra, pero el destino y la vida son una caja de Pandora, nunca se sabe qué esperar. Dejemos de hablar de lo evidente y conversemos en el tema que estás evitando a toda costa, sabes que aparecí acá hoy porque estoy preocupado por ti y quiero ayudarte, eres mi hijo-.

Al final me desvanecí, lo miré largamente y me eché a llorar a su lado. Uno de los celadores del cementerio me veía de reojo, seguramente no se acostumbraba a ver a personas derramar lágrimas por sus seres queridos que estaban "sembrados" en ese lugar, pero ese no era mi caso, yo lloraba por alguien que aún no había muerto.


El futuro nadie lo conoce, ni siquiera yo

Mi padre me observaba mientras le contaba todos mis pesares, el tiempo para mí se había detenido. El murmullo del silencio proveniente de las tumbas nos sobrecogía. Yo hablaba con fluidez, repasando todo lo que me acongojaba del pasado, del presente y de un posible futuro que yo mismo desbaraté.

No sabía por qué estaba hablando tanto, tal vez desde hace muchos años atrás estaba necesitando esa figura paterna que me ayudará a descifrar el Cubo de Rubik en el que mi vida se convertía a veces.

Al final de mi larga exposición de tristezas, alegrías, misterios y gritos de ayuda, mi papá tomó el papel de entrevistador y dijo tras uno segundos,

- ¿La quieres, estás seguro de ello?

El efecto de esa pregunta sobre mi fue el de siempre, un ligero aumento en el latir del corazón, el sonido de la voz de ella a mi alrededor, el recuerdo de muchos momentos vividos y mi cerebro trabajando rápidamente.

- Sí la quiero, estoy seguro de ello y sé que ella también lo sabe, al igual que tú -, así evité seguir con el tema y retomé mi posición de lanzar yo las preguntas.

- Dime algo, tú que me has visto cada día de estos últimos seis años desde el lugar donde estás, ¿Qué piensas de todo esto que está ocurriendo?

Mi padre me miró con una mirada bondadosa, incluso si no lo hubiera conocido en algún momento de mi vida, hubiera pensado que tenía lástima de quien tenía al lado.

- Estoy en el más allá, sé que crees que tengo todas las respuestas a tus preguntas, pero no es así. Solo puedo decir que tú mismo te metiste en este embrollo y solo está en tus manos salir de él. Estoy consciente de que estás aprendiendo a descifrar muchas cosas, incluso estás rezando -, esto último lo dijo dándole cierto peso a sus palabras, tanto él como yo siempre habíamos sido ateos.

- Sigue luchando por lo que quieres, pero ten paciencia, el corazón de una mujer es tan frágil como los pétalos de una rosa, ve con cuidado y tratándola suavemente, deja que las heridas sanen y siempre demostrando tu amor por ella. Aprovecha la oportunidad que tienes aún de poder estar con la posibilidad de vivir, porque es triste cuando amas a alguien y solo puedes observarla desde el más allá-.

Sus palabras me resultaron sabias y precisas, mi padre al parecer estaba demasiado claro con lo que me ocurría. Su misión durante nuestra conversación estaba terminando, se levantó del asiento y comenzó a caminar.

- ¿A dónde vas?-, le pregunté con una mirada de sorpresa

- Voy a visitar a tus abuelos, caminaré un rato hasta sus tumbas y luego me devolveré a dormir a la mía, pero no te preocupes que sabes que yo siempre te protejo, también a tu mamá, hermanas e incluso a ella-, logré sonreír haciendo un gesto de despedida con la mano.

Mi papá volteó y luego volvió a mirarme,

- Te quiero hijo, recuerda eso siempre y por favor, deja de pensar en eso que todas las noches quieres hacer pero que gracias a Dios no tienes las fuerzas para concretarlo, jamás lo hagas porque no es eso lo que espero de ti...