Al fin logré salir de la pesadilla en la que estaba donde tú no existías y mis días pasaban monótonos frente a mis ojos.

Me levanté rápidamente y te fui a buscar en algún lugar de mi casa, un aroma a desayuno fresco me condujo a la cocina donde te vi. De espaldas cocinabas, tu largo cabello negro, tu piel color chocolate y un mono gris y top te vestían.

En silencio aproveché para observarte, tenía miedo a hablar y que todo se desvaneciera para regresar a la pesadilla. Sin embargo todo era real, la comida, tu presencia, tu olor, todo eras tú.

Me atreví a acercar y te abracé, hasta ahora puedo decirte que esa ha sido la mejor sensación de mi vida. Te atrapé entre mis brazos como si fueras un salvavidas en medio de una tormenta.

Sentí tu respiración agitada por la sorpresa, tus curvas adaptándose a mi cuerpo, tu cabello saltando sobre mis hombros y tus manos buscando mis orejas para jugar con ellas.

No quise besarte, tampoco desnudarte para hacerte el amor, menos hablarte y decir cosas estúpidas que rompieran el momento, solo me quedé así como si fuera el ultimo día de nuestras vidas y más nunca pudiera abrazarte.

Tú fuiste la que volteaste a verme con esos hermosos ojos negros, me hipnotizaste, me diste un tímido beso en la mejilla para demostrarme que todo era real. Los malos sueños habían pasado.

- Hola cielo, ¿Qué tienes?-, me dijiste cariñosamente.

Te respondí con un nudo en la garganta mientras mis lágrimas comenzaban a brotar,- Nada, solo pensé que más nunca podría tocarte o besarte, y eso me rompe el alma-.

- No llores lindo, estoy aquí para ti y siempre será así, ¡Te amo!, ahora siéntate a desayunar que se te va a enfriar y sabes que no me gusta verte pasando hambre y mucho menos "apagadito" por la tristeza-...