6 meses después

Carolina estaba esperando ansiosa por pasar al consultorio mientras Alberto caminaba por el pasillo, ambos se negaban a mostrar nerviosismo o poca experiencia ante la situación por la que pasaban.

Desde seis meses atrás, y luego de aquella noche en que hicieron el amor, compartían el apartamento de Carolina. Vivían juntos como siempre soñaron y podían experimentar como una verdadera pareja de los avatares de la cotidianidad.

Un día mientras cenaban, Carolina le confió una sospecha a Alberto, estaba teniendo mareos, nauseas y en algunas oportunidades todo se le nublaba.

Él no pudo evitar demostrar cierta emoción que le embargaba y le dijo que estuviera tranquila, que si un nuevo integrante nacía, serían los tres seres más felices.
Efectivamente unos días después los examenes confirmaron que un niño iba a nacer. A partir de ese momento el ambiente en el apartamento cambió junto al cuerpo de Carolina.

Alberto comenzó a comprar cosas para consentir a sus dos amores. Ya a los tres meses de embarazo, todas las noches una linterna se paseaba por el vientre firme de Carolina, un radio pequeño sonaba con música clásica y varios cuentos eran leídos antes de dormir.

Carolina se quejaba por su gordura, por los constantes ataques de sueño y por los gases que le producía estar en estado, sin embargo Alberto se burlaba y jugueteaba con ella. Casi faltando la mitad del tiempo para dar a luz, ambos sintieron la primera patada de su retoño e incluso vieron el salto del vientre cuando apareció el hipo.

La oreja de Alberto se posaba en el vientre de Carolina, según él para escuchar el hipo de su hijo e incluso las patadas. Ella observaba a su amante como si fuera un niño, inocente y maravillado por la creación de la vida que ellos dos habían concebido.

Ella se quejaba porque Alberto no la dejaba hacer, aunque en el fondo se maravillaba de saberse consentida. Todos los amaneceres la recibían con el desayuno en la cama, una rosa recién cortada y un cuento para leerle al embrión que cada día crecía mas.

Esa mañana después de una larga espera en el pasillo, pasaron al consultorio. El vientre de Carolina se erizó por el frío de la paleta del ecosonograma que tocaba por el control mensual. Ambos tomados de la mano vieron como en la pantalla ya el embrión tenía ojitos, nariz grande, una boca perfecta y un cuerpo que parecía de juguete pero muy bien formado.

De acuerdo al doctor todo estaba saliendo como se esperaba, pero ellos no escuchaban las palabras del galeno sino que sus oídos vibraban maravillados por el pum pum del corazón del bebé.

Su distracción solo se vio interrumpida cuando el medico les dijo que en la pantalla se vislumbraba un miembro masculino. Alberto y Carolina rieron y se dieron un tierno beso sin poder contener su alegría,

Carlos Tomas venía en camino...