"El que ama a su mujer se ama a si mismo; porque nadie odia jamás su propia carne; por el contrario, la alimenta y la cuida... Por este motivo el hombre dejará a su padre y a su madre y se adherirá a su mujer y los dos serán una sola carne"

Hace algunos días mientras leía conseguí este pasaje de la Biblia, que aunque he cambiado un poco para efectos de este post, refleja perfectamente algunas ideas que siento y he estado meditando.

Primeramente pienso que estas palabras deberían ser integradas a toda ley que rija cualquier sociedad en el mundo, para evitar así el maltrato a esos seres tan perfectos, complicados y enigmáticos que son las mujeres.
El hombre que arremete contra ellas es alguien que cae en desgracia, vaga sin el perdón propio y jamás consigue paz porque sin duda, está violando su cuerpo, su propia carne y a si mismo.

"El que ama a su mujer se ama a sí mismo; porque nadie odia jamás su propia carne..."

A ellas, a esas que nos dieron la vida, a las que aprendemos a amar en el transcurso de nuestro paso por la tierra, a la que le endilgué en algún momento que sería la madre de mis hijos, a todas las mujeres hay que adorarlas.
Cultivarlas como una flor, darle detalles, alimentarlas con palabras y gestos, llenarlas con sentimientos positivos y apoyarlas en todo, porque así al final,

Las mujeres amadas "se sentirán alimentadas y cuidadas"

La ley de vida nos enseña que los seres humanos vienen a la tierra para nacer, crecer, desarrollarse, madurar y morir.
En estas tres ultimas etapas influye de manera radical la presencia de la mujer, esa a la que elijamos para pasar "el resto de nuestros días", y esto es sumamente importante, porque al final ella será la única que este a nuestro lado.

Este proceso de "escogencia" reviste de mucha importancia, sobre todo en las decisiones que se tomen y que cambiaran nuestras vidas.
Al iniciar una relación seria debemos estar consientes en que inexorablemente seremos parte de ella, en proteger al otro y estar al  lado de la mujer en todo momento.

No quiero decir que lo abandonemos todo por amor, que neguemos nuestros deseos individuales pero si se esta enamorado debe existir una meta en común, un camino trazado para dos personas que se convierten en uno.

Porque sin duda, "el hombre dejará a su padre y a su madre y se adherirá a su mujer y los dos serán una sola carne".