Unos días atrás conocí la historia del piloto cubano Orestes Lorenzo, un hombre que se armó de valentía, ánimo, locura y amor para cumplir con una de las proezas más increíbles conocidas por los disidentes cubanos.

El veterano de la guerra de Angola, piloto mimado de la Fuerza Aérea cubana, alumno sobresaliente de las academias soviéticas y, posteriormente, desertor satanizado por el régimen castrista, tomó un 29 de marzo de 1991 un avión Mig-23 para huir de la "isla de la felicidad" y arribar a la base de Boca Chica en Estados Unidos, donde luego de interrogarlo minuciosamente recibió la posibilidad de ser protegido por un asilo político.

Tras ese episodio, el comandante de las Fuerzas Armadas Raúl Castro, decidió prácticamente convertir en prisioneros del régimen a la familia del piloto, asegurando que "si tenía los cojones de robarse un avión para escapar de Cuba, que tuviera el mismo valor para buscar él mismo a su familia".

La situación de Lorenzo se hacía cada vez más dura. Durante su estadía en Estados Unidos trató de establecer un acuerdo con Cuba para que dejaran en libertad a su esposa y sus dos hijas. Su caso fue tan sonado, que incluso llegó a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, al despacho de Mijaíl Gorbachov y la Reina Sofía de España que tenía buena relación con Fidel Castro, trató de interceder, todo esto fue infructuoso.

Como último intento, Orestes Lorenzo escribió una carta pública en "The Washington Post" dirigida a Fidel Castro, donde aceptaba someterse a juicio en Cuba por los cargos de deserción, si el Gobierno enviaba a su familia a Estados Unidos, es decir, el piloto estaba pidiendo un intercambio, su libertad por la de sus seres más queridos; ante esta petición no hubo respuesta oficial por el régimen.

Presa de la desesperación, Lorenzo hizo los trámites para tener una licencia de piloto deportivo, posteriormente con una organización de exiliados cubanos obtuvo un préstamo de 30 mil dólares para adquirir una avioneta Cessna bimotor y, con la ayuda de dos amigas mexicanas que viajaron a Cuba, les hizo llegar el mensaje a su familia: Iría a buscarla, solo debían esperarlo en el lugar, hora y fecha señalados.

El resto fue digno de una película de acción realizada en los estudios de Hollywood. El 19 de diciembre de 1992 el piloto salió de Florida con rumbo a la Habana; sobrevolando a unos dos metros sobre el nivel del mar pudo evitar los radares estadounidenses y cubanos, además de que estaba apoyado en su experiencia militar para conocer las defensas de la isla.

Al atardecer ya se estaba acercando a una carretera que comunicaba a la ciudad de "El Mamey" con la Habana, allí debería estar su familia esperándolo para retornar a una libertad ansiada por todos. Sin embargo, Lorenzo no contó con el tráfico vehicular y presa del pánico vio como el punto de encuentro estaba sumamente transitado.

Haciendo uso de maniobras aéreas pudo aterrizar a unos ocho metros de un autobús de turistas que para ese momento estaba en la vía. Dio vuelta en U a la Cessna y abrió las compuertas; al fin podía tener de nuevo a su familia junto a él.

Una hora más tarde estaba de nuevo en Florida, con sus seres amados a salvo y vociferando: "Díganle a Raúl Castro que le he tomado la palabra, me llevé a mi familia". Esta hazaña fue un duro golpe para el régimen castrista que se vio ridiculizado nuevamente por el piloto.

Actualmente Lorenzo Orestes vive en Florida a cargo de una compañía propia de construcción, gozando junto a los suyos y con la satisfacción de haber cumplido con sus deseos, demostrando una vez más que a veces es necesario derrotar a la razón y seguir lo que las ganas, deseos y corazón nos dicen, el amor es lo más importante cuando se trata de estar cerca de alguien.