En medio de la turbación por saberme cercano al fin de mi vida, me he dado cuenta que nada ha cambiado y los pensamientos se mantienen indelebles como las marcas que deja el paso del tiempo en el tronco de un árbol.

Después de 90 años permanezco imperturbable en mi tosudes. Mi rabia al sentirme abandonado por aquellos que quise no ha menguado y los recuerdos de un amor imposible revolotean sobre mi cama en las noches de luna llena; mientras otros se aman en medio de su luz yo mantengo la mirada fija en la lejanía del olvido.

En mi hogar siempre he estado solo, desde que fui adulto procuré trabajar para saciar mis caprichos y de cierto modo matar la soledad. Comencé a ganar dinero sumergido en mis obligaciones. Evité a la gente y de vez en cuando establecía amistades fugaces; dependiendo de la oportunidad que pudiera ganar a través de ese conocido.

Rápidamente llegué a la cúspide, obtuve lo que quería: poder, dinero, lujos, libertad para ir y venir a cualquier parte e independencia monetaria; sin embargo, todas esas cosas no me podían dar el cariño que desde niño me hizo falta, que en una oportunidad tuve y como llegó, lo deseché.

Ahora casi una vida entera vivida, no me arrepiento de las cosas que hice. Yo cambié, pedí oportunidades que me fueron negadas; tal vez por miedo u orgullo, y me esforcé para recuperar esos amores perturbados por la rabia y el odio.

Hoy sé que el final está cerca, que en poco tiempo seré un animal inerte metido en un cajón y que tal vez algunos ni se enteren de mi muerte. Solo espero tener la fuerza suficiente para poder recordar y así dejar el legado de mi vida en estas letras. Dibujar con palabras a esa chica que fue tormenta, pasión, amor, ganas y deseo, a ella que todavía recuerdo por la mitad del corazón colgado en mi cuello.

Esta es mi historia, llena de relaciones tumultuosas y de vidas que gracias a mi, cambiaron para bien o para mal, pero que sin duda dejaron de ser las mismas cuando mis manos le dieron un vuelco, como un titiritero halando de cables invisibles para saciar su sed de poder.

Por ahora solo esperaré, por una oportunidad que me permita cambiar ese pasado, porque aunque no tenga remordimientos sí me gustaría hacer alguna que otra cosa diferente.