Cada noche ella dormía, pensaba y recordaba todo lo que había ocurrido. Se repetía a si misma que no volvería a caer en ese juego.



Pero en las mañanas, todo cambiaba, él la recibía con amor, cariño, ternura y deseo. Durante el día, todo mejoraba hasta tal punto de ser como antes.


Al llegar la noche, quería atreverse de nuevo, buscar una solución y darse una nueva oportunidad. Pero al dormirse, pensaba y recordaba todo lo que había ocurrido. 


Se repetía a si misma que no volvería a caer en ese juego. Así su vida transcurría, a veces odiándolo, otras amándolo, queriéndolo o dejando de quererlo. No sabía si extrañarlo o no, solo se decía, ¡la vida es un ciclo, un círculo que solo podemos cerrar o abrir si nos atrevemos!.