Al verte se me ocurrió que podías ser una hoja de papel; sin ningún tipo de color, tan sencilla, común, normal (...), sin embargo, al detallarte caí en cuenta que un simple pedazo de papel bond puede tener muchos usos.

Primero se me ocurrió usarte para "desechar" en ti todos mis pensamientos, escribiendo día tras día esperando recibir alguna respuesta, pero rápidamente descarté esa idea porque no quería obtener nada cambio, solo quería explorarte y ver qué sucedía, en fin, crear algo menos banal que un texto común y corriente. 

Con el correr del tiempo continué viéndote como una hoja de papel, comencé a imaginar cómo sería convertirte en una rosa de origami. Empecé a doblarte con cuidado teniendo la mayor precisión posible para evitar arrugarte. Un doblez por acá, otro por allá, remarcaba cada uno de mis pasos y al final obtuve una rosa. Para darle un remate a mi obra, busqué otro trozo de papel y te hice un tallo para que te diera estabilidad y, por más que una ventisca soplara, no pudiera hacerte caer o tambalear. 

Cuando te detallé, me di cuenta que desde siempre habías sido una rosa, una de esas flores únicas que se consiguen después de buscar con detenimiento en un bosque entero, solo necesitabas un poco de ayuda para deslumbrar a todo tu alrededor. 

Después de convertirte en mi rosa de papel, me di cuenta que eras casi perfecta. Tu olor tan característico a naturaleza, a brisa fresca, a vida. Luego vi cada uno de tus pétalos: uno tenía una gota de rocío que parecía un lazo puesto en el cabello de una chica; otro tenía un pequeño punto que semejaba a un lunar en algún lugar de su cara y otro era demasiado pequeño, dejándose opacar por los demás.

Cuando te tomé entre mis dedos, me di cuenta que también tenías espinas; pero no me importó, me lastimaste con tu falta de suavidad e incluso llegaste a cortar mi piel, pero no me importó, preferí herirme con tus espinas y disfrutar de todo lo demás que me regalabas, no quise dejarte a un lado sabiendo que entre tu fragancia, tus pétalos y tu tallo estaba la posibilidad de conocer la perfección de la naturaleza.