Se le acercó para probar sus labios y besarla como nunca antes había besado a nadie. Sintió su cabello negro y liso sobre su cara, la nariz pequeña rozando la suya y casi pudo sentir ese lunar que tenía en la boca. 

La abrazó y palpó sus curvas que eran causadas por ese sobre peso del que tanto se quejaba. Mientras era besada, ella trató de zafarse pero al final decidió dejarse llevar por las caricias de ese chico que desde hace meses la estaba buscando, respondió al beso y se sumergieron en una batalla de ganas. Él quería absorber todo lo que ella le daba, y ella solo recibía un tipo de cariño que hasta ese momento nunca le habían dado. 

Luego de estar así unos minutos, él se puso a jugar con su cabello; le quitó el lazo azul que llevaba y lo comenzó a abrir y a cerrar para drenar la energía que le había generado el haberla besado por primera vez. Sin querer buscó tocarle el vientre, a pesar de que lo tenía un poco abultado por las cenas y los almuerzos fuera de hora, a él le parecía atractivo; mientras, ella lo miraba con cara de pocos amigos; sin embargo, se dejaba acariciar. 

En ese momento, él se sintió realizado y pensó que era el momento esperado para decirle lo que estaba pensando (...), pero todo su sueño se desmoronó y de nuevo estuvo frente a la chica. Todo había sido una jugarreta de su imaginación y ella lo estaba viendo fijamente. Finalmente se saludaron como dos amigos, se besaron en la mejilla y se fueron a almorzar (...), ambos tendrían que esperar por esas caricias que todos los días él imaginaba.