Esta fue la carta de amor que escribí para el concurso Montblanc 2012, a pesar de no quedar preseleccionada aprovecho para compartirla por acá.

A mi mascota: 

Sé que nada ha sido fácil para ti desde que tu mamá y yo nos separamos, ahora te noto cabizbajo, un poco más sucio de lo normal y casi nunca te mantienes alegre como solías hacerlo; simplemente estás a mi lado silencioso, observándome y asintiendo a cada una de las cosas que hacemos.

Extraño tu felicidad en aquel momento en que naciste, cuando saliste del lugar donde estabas esperando por ver la luz y de donde tu madre te sacó para entregarte a mis brazos; esa sensación de verte fue indescriptible a pesar de no saber qué clase de animal eras, un problema que te tiene traumatizado y te crea crisis de identidad. 

Es por eso que quiero leerte esta carta, para que estés seguro de ti mismo y sepas lo que me hiciste y haces sentir; para que tengas una pequeña oportunidad de que me escuches cuando te diga todas esas cosas bonitas que pienso y de las que nunca te darás por enterado. Quiero decirte que me atrae el poco cabello que tienes, esos cinco pelos marrones que coronan tu mollera y que son tan difíciles de dominar; he tratado de peinarte con un cepillo, con todos los peines de la casa, con agua, y hasta he buscado la manera de hacerte rulos, sin embargo, tu cabello lo heredaste de tu mamá; si no se plancha o se seca, él se mantiene independiente de tu cuerpo y hace lo que quiere. 

En esos momentos, cuando trato de arreglarte con un estilo propio, me miras con esos grandes ojos de impresión que parecen de susto, seguramente te preguntas qué es lo que estoy haciendo. Por eso, para tratar de calmarte, te doy palmadas de cariño en la cabeza mientras te digo que todo va a estar bien y comienzo a hacerte gestos para que sonrías. Te tomó de tus largos brazos y te lanzo por el aire, caes nuevamente a mis manos y te vuelvo a elevar como si fueras una pelota, así estamos unos cuantos minutos hasta que te veo cansado y me detengo, te tocó la panza y te coloco otra vez junto a mí.

Allí te mantienes con la mirada fija en la nada, presiento que me estás viendo y te pregunto si quieres jugar nuevamente, pero no obtengo respuesta. Busco una almohada y te la lanzo, quedas aplastado debajo de ella y luego te la quito de encima, iniciamos un nuevo juego y comienzo a reír pensando que te gusta. Después de un rato comienzo a hablarte, te pregunto cosas y espero la respuesta que al final yo mismo me digo en voz alta.

Ya cuando cae la noche estamos cansados, tú de tanto ser usado como un juguete, y yo de imaginar que eres mi compañero fiel, esa mascota o perro que nunca he podido tener por falta de espacio y además, porque mi desorden no me daría paz a la hora de criar a un cachorro. Antes de acostarme te abrazo, te apretujo y te acuesto sobre la almohada. Te lanzo un beso y te digo adiós, hasta mañana.

Me quedo esperando alguna palabra de tu boca, pero aún tus ojos se mantienen fijos, por supuesto, eres un orangután de peluche que nunca me hablará o me dará caricias, pero al que amo más que a un perro y que seguramente me acompañará por mucho tiempo, a mis hijos y a mis nietos. Eres más que una mascota, eres “Charlie”, el peluche que todos deberían tener en sus brazos al menos una vez.

Gracias por estar, ¡duerme bien!…