Llevaban horas rodando en la carretera. La parte trasera del bus donde ellos estaban para aprovechar de dormir, había quedado desierta luego de la última parada en la que la mayoría de los pasajeros se quedaron para seguir su camino. 

La chica estaba acostumbrada a ese tipo de viajes; por ello casi siempre llevaba unos pantalones cortos para lucir sus duras piernas y recibir masajes de su chico cuando estuviera cansada. Para completar su atuendo; tenía un suéter tres tallas más grandes y el pelo hecho en una cola que le permitía “oxigenar” su cuello. 

Los minutos; las horas pasaban, y solo la noche oscura los acompañaba junto al zumbido de algún otro vehículo que pasaba en la dirección contraria a toda velocidad, haciendo cambio de luces para advertirle al conductor del colectivo su presencia. Las manos de la pareja estaban entrelazadas, en algunas oportunidades sus dedos jugaban y de vez en cuando se besaban en la frente, los ojos, los labios, las orejas; en cualquier sitio de sus caras para distraerse y darse compañía. 

Las travesuras entre ambos fueron subiendo de tono. Él comenzó a acariciar las piernas de la chica, tocarlas como si las estuviera moldeando con sus manos y al llegar a la cara interna de sus muslos, se atrevió a rozar esas zonas que hicieron que ese cuerpo se tensara. Mientras los pocos pasajeros del bus estaban durmiendo, ellos continuaron buscando diversión. 

Ella deslizó sus dedos por debajo del pantalón del chico, buscó como una mujer en su primera noche y comenzó a acariciar aquella virilidad que fue creciendo en sus manos en tamaño y temperatura. Luego de unos minutos consiguió lo que quería. 

Lentamente se acostó sobre las piernas de su, ahora amante y con su boca decidió seducir a su chico, abrió el cierre y comenzó a besar aquel miembro. Imaginó todas las veces que él lo había deseado, y ahora lo estaba complaciendo. Mientras ella seguía acostada, él pudo meter su mano bajo su abrigo para tocar sus senos tensos por el frío del bus, su vientre y su ombligo. 

Finalmente, ella no pudo contenerse y sin pensarlo bajó un poco sus pantalones y lentamente se sentó sobre la virilidad de su acompañante. La velocidad del transporte, las curvas de la carretera y algunas pisadas en el freno hicieron el resto. 

La chica se sostenía del respaldar del asiento mientras él aún tenía sus manos apretando fuertemente sus senos. Finalmente, los dos experimentaron un placer indescriptible descubriendo las bondades de una unión clandestina.