La mañana de ese martes desperté repitiendo en mi cabeza la melodía de “The Unforgiven II” de Metallica. Mientras me cepillaba, miraba mi reflejo demacrado en el espejo y mis ojeras por no haber dormido bien, el efecto de la resaca también hacía mella en mi y reproducía en mi pensamiento esas palabras fatídicas “ella no me ama o me ama todavía, pero nunca me amará otra vez”. 

Terminé de desperezarme cuando buscaba la ropa en mi armario. Unos jeans, una franela y zapatos deportivos eran el mejor atuendo para la ocasión. Cuando estaba cercano a salir de mi cuarto, ella se me acercó y me dio un beso, algo había cambiado en su actitud y lo notaba; su mirada era fría y seca. Me pregunté, como lo hizo Rise Against en “Everchanging” si nuevamente “estaba siendo parte de algo que pensé que nunca terminaría, pero por supuesto, al final lo hizo”. Quise decirle que nuestro destino estaba escrito, "que las líneas se han dibujado y que este sentimiento (el amor) ya viene y va entre nosotros". 

Me despedí y salí a la calle para irme a mi trabajo. Viendo las calles, la gente, los carros, el ruido, todo formando parte “del mundo que conozco. Me senté un momento a solas para pensar si toda la bondad se había ido, esperando que aún permaneciera algo de eso” en la sociedad (“The World I Know” de Collective Soul”), realmente estaba deprimido. 

En muchas oportunidades había pensado en el suicidio. Cuando estaba ya en el trabajo lo contemplé nuevamente, todo se había perdido “y ahora no hay manera de volver a atrás, oh no, esos días han pasado” (Victoria´s Secret de Sonata Arctica). Pensaba en esa chica, la que me estaba esperando en mi casa, resignada a vivir conmigo por compromiso y que día a día estaba tentada a dejarme. 

Al llegar de la oficina, la casa estaba vacía. Mi amor estaba en la calle, tal vez paseando o tomando aire fresco. Busqué el teléfono, luego de marcar y al esperar su voz, solo pude escuchar su voz seca en la contestadora automática y me limité a preguntarle, como lo hizo Axl Rose en “November Rain" de Guns and Roses, "¿necesitas tiempo para ti misma?, ¿necesitas algún tiempo completamente sola?, sabes, todos necesitamos tiempo completamente solos" y colgué. 

La soledad es una mala consejera. La espera hizo que comenzara a reprocharle su actitud, la ambivalencia hacia ella crecía y sentía que la amaba pero la odiaba a la vez. “Y pensar que tú no eras así, tú yo que va...Y pensar que ya no puedo dormir" (“Uñas Asesinas" de Zapato 3), al final tuve que refrescarme y comencé a beber unas cuantas cervezas. 

Mi chica llegó a la mañana siguiente y me encontró totalmente ebrio, reemplacé el dormir por la bebida. La contradicción de emociones había desaparecido para convertirse en certeza, en ese momento la odiaba. Le grité mientras destrozaba una botella contra la pared, preso de rabia como Kurt Cobain cuando versionó la canción de “Where Did You Sleep Last Night”, "mi chica, mi chica, ¿dónde dormiste anoche?", mientras yo temblaba de frío en mi cama. Me respondió que durmió en casa de una amiga, su confesora que le había aconsejado que me dejara, que se liberara de sus frustraciones y buscara algo mejor. 

Esas palabras me enardecieron. Tomé su cuello entre mis manos, ella luchó para defenderse y vi terror en sus ojos, incluso logró hacerme daño en las costillas pero eso no me detuvo. "Muere, muere mi querida, no pronuncies ni una palabra, muere, muere querida mía, cierra tu linda boca". La tomé entre mis brazos, la lancé en la cama y continué asfixiandola, golpeándola con todas mis fuerzas. 

"Te veré en el infierno, te veré otra vez, oh nena no me llores, tu futuro está en una caja alargada...” ("Die, Die my Darling" de The Misfits). Cinco minutos después todo había terminado y se ratificaba lo que había pensado la mañana anterior, ¡no, ella nunca me amará otra vez!.