Hace mucho tiempo (incluso podría decir que en otra vida) escuché los poemas de Constantino Cavafis, conocí a Ítaca, lugar a donde viajé para descubrir que todo está en la fuerza de las palabras y sin ellas, todo resulta tan vacío y simple, como una casa cuando es dejada tras una mudanza.

Esta imagen siempre me ha impresionado, la soledad y la energía que transmiten las cuatro paredes de un hogar cuando son abandonadas por todos los objetos y las personas. Creo que sería interesante poder conservar la pertenencia de una propiedad. Poder visitarla, recorrer los lugares llenos de recuerdos y ver los mismos rincones donde se vivieron tantas cosas. Tener ese derecho a colmar ese deseo de sentir nuevamente lo vivido. Palpar con las manos los espacios que ahora resultan tan insípidos, pero que en su momento eran nuestra rutina diaria, el techo que nos ofrecía comodidad y confort sobre todo en las noches. Poder poseer la memoria suficiente para vivir en ese espacio, lo que nunca más será vivido.

Hoy recordé y quise que muchas cosas volvieran.

Vuelve

Vuelve con frecuencia y tómame, 
 amada sensación, vuelve y tómame 
cuando la memoria del cuerpo se despierta, 
 y el viejo deseo corre otra vez por la sangre;
 cuando los labios y la piel recuerdan, 
 y las manos sienten como si tocasen otra vez. 

Vuelve con frecuencia y tómame en la noche, 
 cuando los labios y la piel recuerdan...