19 julio, 2013

...Tuve que...


Tuve que matarla. Debía hacerlo. La amaba, pero tuve que matarla. No supe qué hacer. Asfixiarla. Estrangularla. Maniatarla. No, era muy bella para dañarla. La miré. La palpé. La sentí. Era perfecta. Mis manos en su cuello. Le faltaba el aire. Sus ojos me miraban asustada. No se resistía. La sentía como un ave sin alas. Se retorcía. Me golpeaba en el pecho. Presioné. Presioné otra vez. Sentí el fin. Presioné. Su mirada se apagó. La besé. Ya no hubo calor. La vi. Era hermosa. No fue su culpa. Besé su cuello. Su pecho. Su cabello. Su vientre. La tuve. Me despedí. La amaba, pero tuve que matarla.
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