"Si vuelves a escribir víctima sin acento, la víctima serás tú cuando te lo vuelva a reclamar", esa frase marcó mis inicios profesionales en el periodismo. Debo admitir, que después de estar siete años trabajando en medios (un tiempo relativamente corto), he aprendido de mis errores y nunca más he escrito víctima sin acento; seguramente el que fue mi jefe en El Nacional quedará contento al leer esto. 

El punto de esta anécdota es que todos debemos aprender de nuestros tropiezos, sobre todo en la vida laboral porque ella te formará como individuo y te permitirá crecer, además que en el ámbito periodístico todos se conocen y tal vez un día, el que fue tu jefe pueda ser tu empleado en otro lugar (me ha sucedido).

Es una lástima admitir que muchos no creen en esto, que prefieren apegarse a una "ceguera mental" cuando el poder llega a sus manos; porque si se ven amenazados de perder un rango, se unen a aquellos que no representen un peligro y los puedan controlar a diestra y siniestra. 

La vida está llena de retos, de oportunidades y de aprendizajes para sortear los obstáculos, por eso siempre he tratado de aliarme con los buenos, de formar equipos y de pedir la colaboración de todos - una enseñanza que me dejó mi última jefa, una de las mejores hasta ahora -; el trabajo en conjunto es la estrategia perfecta porque las cosas salen más rápido y de manera eficiente, sin embargo, aquellos que se creen más que otros o que no quieren abandonar una posición, se callan, se guardan información en los bolsillos y se roban el crédito de los demás. 

Solo puedo decir que Pedro Navaja siempre ha tenido la razón, "la vida te da sorpresas" y esas alianzas para conseguir un éxito personal, solo deben hacerse con gente que valga la pena y no con aquellos que se ríen o molestan porque los críticas, porque les pides que trabajen o simplemente les pides ayuda (a pesar que sea en forma de una orden). 

No creo en eso que llaman "igualdad de condiciones", todos somos mejores que otros y tenemos mayores habilidades para solucionar problemas y por ello debemos pensar en que estamos en una batalla emplazada en un tablero de ajedrez. Con esto quiero decir, que siempre estoy moviendo mis piezas para dejarle el camino libre al destino, ese será el que le dé a los inútiles y adictos al poder (que lo alcanzaron sin ganárselo), un ¡Jaque Mate!.