Siempre he insistido en que la vida es un ciclo interminable, empezando por la mera existencia del hombre, una raza que desde que pisa la tierra se ha dedicado a nacer, crecer, desarrollarse y morir; ese proceso se repite hasta el fin de los días y si lo vemos desde el punto de vista biológico parece un virus o cáncer, como lo definió Mr. Smith en The Matrix. 

Este ciclo repetitivo parece que tuviera mayor repercusión en América Latina, un continente condenado a perder su memoria cada cierto tiempo para volver a tropezar con la misma piedra una y otra vez, cumpliendo así con una especie de remolino que da vueltas y vueltas, creando una fuerza que cada vez se hace mayor. 

Nuevamente pienso sobre esto al voltear a la hermana República de Colombia, este domingo nueve de marzo sus ciudadanos fueron a las urnas para elegir a los miembros del Congreso y para sorpresa de muchos, el partido del expresidente Álvaro Uribe ha ganado la mayoría y desplazado al cuarto lugar de la fuerza legislativa al del actual mandatario Juan Manuel Santos. 

La memoria del latinoamericano tiene la misma dignidad que el de una puta barata, se vende al mejor postor y al que le ofrezca en un momento dado las mejores soluciones para los problemas actuales; sin importarle qué ocurrió en el pasado o cuáles pueden ser las consecuencias. 

En Colombia actualmente hay un proceso de paz en desarrollo, han ocurrido serias acusaciones de “chuzadas” (espionaje ilegal) a altas esferas del Gobierno y un Procurador, afecto a Álvaro Uribe, está moviendo cielo y tierra para quitarle la silla al alcalde de la capital del país, quien ha demostrado que tiene gran convocatoria popular. 

Todo esto no le ha importado hoy a los votantes, quienes olvidaron todos esos movimientos al margen de la Ley para devolverle su respaldo a Uribe, un acérrimo simpatizante de la derecha en el continente y amigo de tácticas tan negras que harían ver a algunos del Pentágono como niños de pecho. 

Ahora cabe preguntarse, ¿qué estará pasando por la cabeza del presidente Santos en estos momentos?, próximo a disputar la silla presidencial para garantizar su reelección, ¿se estará cuestionando por qué el pueblo le sacó el trasero a su organización política? 

Lo más probable es que los colombianos estén hartos de una situación en particular y ahora se estén vendiendo a los legisladores que predican una política férrea, neoliberal y de derecha radical de Uribe, quien volverá al Senado seguramente para aplicar estrategias a cualquier costo. 

Esto nos enseña un ejemplo claro de cómo es el pueblo, del comportamiento de esa masa que juega a elegir a sus mandatarios y representantes políticos, ese pueblo es un camaleón; un día los tienes entre las manos y al día siguiente se te escapa entre tus dedos como el agua que corre; por eso, no hay que confiarse y simplemente dejar al mundo dar vueltas porque él mismo sabrá en qué momento retornar al mismo lugar donde estaba hace unos años atrás, sino que lo diga Uribe cuando sea oficializado su lugar en el Senado.