Será que algunos mueren demasiado rápido o es que lo que nos quedamos no nos cansamos de extrañarlos. Una vida de 27 años puede parecer corta, realmente es así, pasa en un abrir y cerrar de ojos, un parpadeo con el que muchos han logrado construir un legado que perdura por siglos. 

Este 5 de abril de 2014 puede parecer una fecha común y corriente para muchos, una marca más en el calendario que rueda sin parar; sin embargo hay algo en este día que hace recordar a un tipo, que hace 20 años tomó una escopeta entre sus manos y se voló la cabeza, la mejor manera que encontró para salir de la vorágine de miedos, adicciones y agobio que lo perseguían como fantasmas. 

Kurt Cobain tendría ahora 47 años, seguramente sería un viejo fracasado, un poco obeso y con una guitarra al costado. Veo a esa estrella de rock pasada de años y me parece estar ante el reflejo de Elvis Presley y Axl Rose, leyendas que perdieron por culpa de la vida esa luz que los rodeaba en el escenario. 

Kurt prefirió evitar convertirse en eso, en el perdedor mayor, en el hazme reír de la industria musical, en un fantasma del sonido de Seattle y con el simple accionar del gatillo, abrió la cerradura para entrar al Olimpo de los músicos inolvidables y que se extrañan hoy. 

Él no lo sabía, pero con ese disparo auto infligido cambió la vida de toda una generación que aún lo recuerda con estilo desaliñado, sus gritos desgarradores con los que parecía decir ¡Coño, qué estoy haciendo!, sus guitarras destruidas en el medio del escenario o simplemente, su mirada perdida viendo fijamente en aquel lugar al que casi siempre iba con una simple dosis de heroína. 


Tenía miedo, se abstraía de ese mundo que a veces a muchos nos resulta pesado, oscuro, sucio y lleno de podredumbre que es difícil soportar. Eso fue su alimento para crear un laberinto sin salida e impulsar la bala que atravesó su cerebro el 5 de abril (fecha aproximada de su muerte) de 1994. 

Es triste que se haya ido tan temprano, pero a la vez fue su mayor logro. En cinco años hizo lo que tú, yo o el muchacho que se está drogando debajo de mi casa no hará en un buen tiempo, quedarse como un tatuaje en el pensamiento popular de los que hoy cantan sus canciones y toman una guitarra para imitarlo, tratando de descubrir cuál era su truco. 

No hubo trucos, era tan auténtico como un loco. Odiaba lo artificial, lo que se practicaba mucho y lo que se hacía tras mucho pensar. Odiaba el mundo, odiaba la música, odiaba la vida y sin saberlo, con todo ese odio, hizo que todos a su alrededor lo amaran y 20 años después, lo estén llorando y pidiendo que regrese.

Drain You | Una versión que pocos han visto y resume en casi 4 minutos
 lo que es, fué y será Kurt Cobain