La pasión es lo que mueve al ser humano, es con lo que cada uno de nosotros nacemos, que día a día va despertando poco a poco para marcar el destino de nuestras vidas. 


Una pasión está por encima del amor, de la costumbre, de la religión, de los instintos, la pasión es lo que recorre tus venas como la sangre que bombea el corazón. Eso es lo que despierta Argentina, la camiseta albiceleste y ver a Maradona alzando la Copa del Mundo mientras las gradas estallan de emoción vibrando al galope de un sentir mundial. 


Se viene Brasil 2014 y nuevamente, los argentinos han hecho un buen trabajo para hacer rodar por nuestra cara las lágrimas por el buen fútbol, por esa pasión que parece haber nacido en la tierra del Papa Francisco. Solo Argentina despierta emociones tan intensas que te llevan a pensar en una sola cosa: ver al equipo levantando la Copa, besándola como besamos a un primer amor; con timidez, con picardía y finalmente con ganas, con deseo, con pasión.
Los argentinos con su publicidad, logran el cometido de hacerte olvidar que naciste en otras latitudes y simplemente te venden la patria, la bandera y el “Todos somos Argentina”, un país que desayuna fútbol, almuerza fútbol, cena fútbol y sueña fútbol, no importa cuántos sean los obstáculos para alcanzar ese objetivo: el gol de la victoria para derrumbar el estadio. 

Argentina tiene a Dios en las palabras del Papa, cuenta con el abrazo del alma que nos enseña que no hace falta tocarnos para unirnos en una sola emoción de ese momento eterno que marcará nuestras vidas para siempre. Argentina lo tiene todo, tiene esa pasión que le falta a muchos otros países que no lograron llegar. Tiene las ganas, tiene el sueño que le regalará tener de nuevo entre sus manos: la Copa del Mundo.