Bajo mi sábana esa parte de mi cuerpo parece una asta de bandera. Aunque mis ojos aún no se acostumbran al sol, sé que debo hacer algo al respecto de ese calor en la entrepierna. 

No puedo pensar, mis neuronas están llenas de alcohol. Trago saliva para endulzar mi garganta pero el sabor a vomito me da nauseas. Veo en los alrededores de la cama. Una botella de escocés vacía, unas manchas blancas en el piso y creo, estoy seguro, que un condón flota en la poceta. 

Suena el teléfono y como puedo descuelgo. ¿Sí? - (...) - Sí, él al habla - (...) - ¿Un resort? El dinero no me alcanza para comer, menos para un resort - (...) - ¿Un resort nudista? Ok, ahora sí tiene toda mi atención - (...) - (...) - ¿Todo es nudista? ¿Piscinas? ¿Disco? ¿Deportes? - (...) - (...) - Sí le estoy siguiendo - (...) - (...) 

La voz en el teléfono se pierde. Nuevamente bajo mi sábana hay fuego. Arriba. Abajo. Se bambolean las tetas que juegan volleyball. Me tomo una cerveza echado en la piscina del resort. Esos cuerpos. Tetas caídas. Nalgas arrugadas. Arriba. Abajo. Mi mano trata de apagar el incendio bajo mi sábana. 

- (...) - Disculpe, me quedé dormido, ¿Cuánto cuesta? - (...) - Que bueno que sea todo incluido, eso quiere decir libertad total - (...) - (...) - Arriba. Abajo. Las tetas, las nalgas. Mi mano provocó una tormenta como la espuma de una cerveza. Sexo telefónico gratis imaginando toda clase de cuerpos.

- Realmente lo pensé, no estoy interesado. Gracias -. 
Colgué y volví a dormir, esta vez, boca abajo.