Siempre he escrito por esta vía o en mi blog que el suicidio puede parecer una buena salida a los problemas, es esa respuesta tentadora que nos puso Dios en nuestras manos para decidir cómo, cuándo y por qué decidimos dejar este mundo que para algunos es una soberana mierda.

Con varios suicidas del entorno musical he estado de acuerdo, era la hora que dejaran este planeta para así calmar sus demonios. Sin embargo, hoy el señor Robin Williams me dio una bofetada para hacerme cambiar de parecer por al menos unos minutos y entender que es una soberana cagada que alguien se quite la vida así por así.

Ese actor/comediante que parecía estar lleno de sonrisas, de ideas para alegrar a la gente decidió que ya no quería vivir más aparentemente empujado por una severa depresión y el retorno a las drogas. Los suicidas tratan de buscar respuestas a sus problemas al morir, pero en el caso de Robin Williams creo que él tenía toda la solución si se hubiera dedicado a entender todos los sentimientos que generaba en sus fanáticos o los que al menos vimos varias de sus películas.

Robin debiste entender que gente como tú es demasiado buena para morir tan pronto, que debiste curar tus depresiones y calmar a tus demonios viendo las risas, las lágrimas y las frases que con cada una de tus interpretaciones nos dejaste. En cada uno de tus personajes dejaste una enseñanza, unas palabras de aliento y la gasolina para ese fuego que desata una buena carcajada.

Entiendo que no quisiste vivir más, solo espero que ahora no estés viendo todo lo que dejaste acá y te arrepientas, porque seguramente, pudiste haber seguido cultivando tu actuación día tras día para nuestro deleite. Espero que le mandes saludos a Philip.

Para despedirte te dejo un poema que leíste en una de tus películas para un amor que se te fue demasiado pronto por culpa de los azares de la vida:

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,
sino así de este modo en que no soy ni eres
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.