Mi padre siempre fue un hombre de bien. Trataba a todos por igual, casi nunca se molestaba o dejaba que la rabia lo dominara, caminaba de un lado para otro porque decía que así todo era más rápido, se la llevaba bien con toda su familia y jamás le dijo que no a alguien necesitado. 

Como podemos ver, mi papa durante toda su vida actuó parecido a un santo, a un buen hombre católico salvo por un gran detalle, él no creía en la religión. Por motivos de crianza y después en base a sus propias experiencias, lectura y enseñanzas se consideraba un no creyente de lo que predican los sacerdotes y la Iglesia. Él insistía en repetir la frase que titula este texto y por ello trataba de vivir la vida a plenitud. 

A su juicio la vida más allá de la muerte era inexistente, para él cuando al cuerpo lo metían en una caja los gusanos se lo comían y allí se acababa todo, como una especie de botón: Encendido/Apagado (Naces/Mueres). 

Ahora a 10 años de su muerte tengo, por primera vez, que cuestionar la manera de pensar de mi progenitor. Creo que en su infinita sabiduría, que trató de prodigarme durante los 20 años que estuvo a mi lado y de la que no tomé casi nada, por no decir nada, cayó en un único gran error al pensar que quien muere se jode.

Debo contradecirte viejo, creo que al tú morir nos jodimos los que quedamos acá. Solo hablaré por mi parte, porque no sé cómo piensen los demás de la familia. Creo que tú moriste y yo me jodí de cierta forma, porque llevo 10 años extrañándote y pensando en que tal vez las cosas pudieron ser diferentes. 

Me jodí con tu muerte porque los 20 años que compartí contigo fueron muy poco comparados a todos los años que tengo que esperar para verte de nuevo, para contarte de toda la vida que viví sin ti, de las cosas que he tenido que hacer sin ti. Tú no te jodiste al morir porque seguramente pasaste a un mejor plano, te encontraste con mis abuelos o tal vez, ya volviste a nacer al reencarnar en alguien más, aunque espero que eso no haya pasado porque de verdad que este puto mundo cada día está peor. 

Al morir volviste a nacer y los que quedamos acá extrañándote, comenzamos a morir desde el mismo instante en que diste tu último suspiro. Nunca debiste morir, pero por si acaso, no pienses que te jodiste al dejarnos acá. Probablemente si leyeras esto pensarías que debiste quedarte un poco más, pero tranquilo, no fuiste tú el que jodió todo sino la vida. 

Por ahora solo espero que pase el tiempo y que llegue el día en que nos volvamos a encontrar, allí tú y yo decidiremos quien tenía razón y te preguntaré: ¿me jodí al morir?