El despertador chilla en mi móvil, son las 7:15 am del lunes y sé que acaba de comenzar mi semana. Cinco minutos en la cama. Veo las notificaciones. Twitter. Correos. Whatsapp. Juegos. Actualizaciones. Es hora de bañarme. 7:20 am. 10 minutos después me estoy vistiendo. El carnet del trabajo en mi cuello. Pantalones. Franela. Hora de desayunar. 7:35 am. Un yogurt. 10 cucharadas para mi, 5 para Cosette (la gata). Hora de irme. Empaco el desayuno. ¡Chao Cosette!. Cierro la puerta.

Comienzo a caminar unas dos cuadras hasta la parada del metrobús mientras veo el atasco de carros, en mi mente hay una pequeña burla hacia los conductores: tan apurados y la única manera que tienen de llegar a su destino es que ocurra un milagro y a sus carros le salgan alas. 8:00 am. Espero el bus. 10 minutos. 15 minutos. 8:20 am. Comienza la travesía. 

Un metrobús es como un mundo en sí dentro de un paralelepípedo de aluminio sobre cuatro ruedas. Los mismos conductores. Los mismos pasajeros. El viejo maracucho que le busca conversación a todos: - En Venezuela no hay nada-; -Los culpables de la cola son los mismos policías-. Pienso que tiene razón. Ahora yo quiero que el bus tenga alas, así como Red Bull. Veo al chamo pelón que tiene cara de molestia. Saludo con una mirada a un pana que estudió conmigo en la universidad. 20 minutos hasta la parada de la Clínica Metropolitana. El maracucho no deja de hablar. 10 minutos más y llegamos Los Cortijos. 

Casi una hora de mi casa hasta la primera parte de mi travesía diaria. Definitivamente Caracas es un desastre, las colas hacen que un paseo apacible de 10 minutos termine siendo de 60, casi como un viaje en avión de 700 kilómetros. Espero el otro metrobús que me llevará al trabajo. Igual veo a la misma gente de todos los días. El tipo que le habla a todos. Pienso que está loco, pero tal vez es esquizofrénico. Veo al cubano. Al que trabaja en Liberty Express. Llega el metrobús. 9:00 am. Otra cola. A pesar de todo llego 15 minutos después a mi trabajo. 

- Buenos días -. Los de seguridad no responden. Paso el torniquete. Marcó el ascensor. Ya se siente el movimiento. El piso 2 parece un iglú. Algunos trabajan con guantes, pasa montañas, chaquetas de piel, hay frío parejo. Enciendo el tv. Abro 19 pestañas en mi navegador. 9:30 am. Marco la entrada. Comienza la función. Twitter. Correos. Facebook. Correos. Twitter. Skype. 1:30 pm. Casi media jornada. 2:00 pm. Almuerzo. 

El cafetín parece una sala de espera de una clínica. Una nube de ideas sin sustento. Ella habla de las uñas. La otra de lo que comió en la noche. Yo mientras tanto escucho. Como el pollo. Como tajadas. Como pollo de nuevo. Tomo el jugo. Como tajadas. En 15 minutos ya está listo. Aspiré la comida. Somos las hormigas trabajadoras para el sistema. 3:00 pm. De nuevo en mi puesto. Correos. Twitter. Facebook. Reunión. 6 p.m. Salida. 

Ya el sol se ocultó y comienza a cerrar el día. El retorno es tan rutinario. Es practicamente todo lo que hice antes de llegar al trabajo pero en rewind. Me imagino caminando hacia atrás. Paso a los de seguridad. Retrocedo a la parada del metrobús. Me monto. Vuelvo a mi asiento. Cola. Gente. 6:30 pm. Llego a los Cortijos. Corro para alcanzar el metrobús hacia mi casa. Pago. Me parece que vivo un deja vu del recorrido de la mañana. Incluso está la misma gente. - Gracias a Dios no está el maracucho-. A veces veo al pelón con cara de molestia. En mi mente hablo con él. - ¿Te acuerdas de la cola de la mañana?, creo que este es el mismo chofer-. 

6:50 p.m. Llego a la parada. Paso por el mercado. Los ejecutivos compran comida para la casa. A veces compro los yogurt para Cosette y para mi. Paso por la licorería. Ellos se ahogan en alcohol. Yo estoy cansado. Sigo caminando. 7:00 pm. En casa. ¡Hola Cosette!. ¡Hola mini! (Mi hermana menor). ¡Hola Mireya! (Mi madre). Ceno. Leo. 8:00 pm. De nuevo la computadora. Twitter. Facebook. 10 pm. Me despido de mi futura esposa. Un sms. Te amo. Leo un poco más. 11:00 pm. Sueño. 

Despierto. Repito todo lo anterior. Es una rutina. Una rutina multiplicada por cinco. Lunes. Martes. Miércoles. Jueves. Viernes. ¡Fin! de semana.