Hay preguntas que siempre han estado en mi mente, cuestiones que van al contrario de todo juicio moral, social e incluso natural de las cosas. No es por ser rebelde, anormal o simplemente ir contra la corriente, sino que expreso lo que muchos de ustedes también han pensado pero no se atreven a aceptar. 

Un asesino suele ser un individuo que planifica cómo hacerle daño a los demás, tiene una visión de la vida que tiende a ser filosófica y fuera de todo contexto real. El asesino no mide consecuencias, solo se alimenta del placer del resultado de sus actos, por eso, la mayoría lo ve como un ser repugnante, falto de escrúpulos y de todo respeto por su propia especie. Es una encarnación del mal sobre la tierra. 

Para muchos puede ser aberrante que alguien disfrute disparar contra otro, que por un simple arranque de ira destruya una vida. Un asesino tiene muchas encarnaciones: un genocida, un terrorista, un narcotraficante, incluso un militar. Todos ellos causan daño. 

Ellos causan daño pero también son personas, vienen del vientre de una mujer y son tan iguales a mí o a cualquiera. Tienen sentimientos, maneras de pensar arraigadas e ideales tan fuertes, que a veces envidio. 

En algunos casos merecen ser defendidos y hasta admirados. Pablo Escobar, el famoso narco de Colombia, fue vinculado a más de 10 mil asesinatos, 10 mil casos que causaron dolor a familias de ese país. Sin embargo, Escobar era un ferviente devoto del Jesús de Atocha, amaba a su familia y también al pueblo, incluso por el amor que le tenía a su hijo fue que cometió el error que el costó la vida. Gracias al dinero de las drogas construyó escuelas, canchas deportivas, ayudó a los más necesitados, todo un Robin Hood. 

Los nazis, esos que asesinaron a más de 3 millones de personas, tenían claras sus metas, sus objetivos y creían ciegamente en la superioridad de la raza aria. Estoy de acuerdo en que fueron crueles, que tal vez exageraron en algunos casos como la matanza de Auschwitz, pero, también admiro su fuerza para seguir una idea que los llevó casi a dominar el mundo, a formarlo a su imagen y semejanza. 

Sin ir muy lejos, la Inquisición ejecutó, torturó y quemó a miles de personas bajo la palabra de Dios. Los sacerdotes se dejaron llevar por la religión y la fe, esa que a veces crea a ciegos que se niegan a ver la realidad de las cosas. Desde su punto de vista, hicieron un bien (a base del mal) para darle un rayo de luz a la humanidad, incluso protegerla a costa de la sangre de inocentes. 

Creo que un asesino sí puede ser bueno, es bueno porque tiene fe, poder, cree en un ideal y en un bien superior, en un objetivo que prima por sobre todas las cosas. Muchos quisiéramos tener esa convicción para llevar nuestras vidas, esa mirada fija y clara en ese pensamiento que resume las ideas de Maquiavelo y nos lleva a lograr lo que queremos."El fin justifica los medios".