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Desde los inicios de la Revolución Bolivariana, por allá a finales de la década de los 90, varios alertaron sobre las intenciones de su líder, Hugo Chávez, de usar la utopía socialista para darle un giro radical al país y dejar una profunda marca en su historia. 

Venezuela sí está cambiando, cada día que pasa se convierte en el espejo de una nación que no tiene pasado ni futuro. El proceso revolucionario avanza en su empeño de borrar la memoria de los jóvenes venezolanos y, por otro lado, aplica medidas para que los adultos que aún pueden recordar, se vayan a países vecinos dejando desasistida a su tierra natal. 

Chávez, y ahora Maduro, quien intenta de mala manera seguir recorriendo el camino de su finado mentor, han clavado el puñal en el pasado del país para borrarlo poco a poco. 

Los que nacieron cercanos a principios del siglo XXI ya cuentan con más de 20 años, puede decirse que es poco, pero es la base para forjarse el camino para una vida futura. Ellos ya no saben lo que es tener un Presidente de otra corriente política, los buenos dirigentes que forjaron y guiaron la historia contemporánea ya están muertos o tras las rejas, la bandera de siete estrellas también pasó a mejor vida, el escudo que yo conocí ya no se dibuja igual, la moneda la intentaron convertir en fuerte sin saber que sería de todo menos eso; la realidad ha cambiado. 

Esos detalles que pueden parecer estupideces, cambios "superficiales", han terminado siendo una demostración de un odio recurrente al pasado que formó a la sociedad venezolana actual, perdida sin sus raíces democráticas más cercanas. 

Venezuela se está quedando sin historia y ahora, poco a poco, sin futuro. Los jóvenes se están mudando a otras tierras o bien muriendo con las manos en la bandera, pidiendo auxilio porque los están robando o simplemente, por pensar diferente ante el sistema. Mueren niños en medio de intercambio de disparos entre bandas, adolescentes reciben balazos de goma que le destrozan el cerebro, deportistas con una vida brillante son asesinados de varios balazos porque no tienen ningún lujo en el bolsillo, así miles de casos que no salen a la luz porque pasan a engrosar la lista diaria en una hoja de la morgue. 

El mayor aeropuerto del país ahora es la puerta que conduce a miles a mejor vida; allí familias se separan para siempre, parejas se divorcian sin saberlo, mudos murmullos de tristeza se levantan por la sensación del viaje sin retorno. 

Borraron el pasado para construir un futuro y eso es precisamente lo que le están quitando al país, la posibilidad de que sus hijos se imaginen levantando casas, criando familias y muriendo de viejos en la tierra que los vio nacer.