Desde hace unos meses atrás no sabía nada de él. Ella era joven, se había mudado de ciudad, y a pesar que estaba comenzando a salir con una pareja, no estaba muy convencida que pudiera combinar con ese chico tímido, con pensamientos de anciano y que tenía en su mente un romance al más puro estilo de Shakespeare. 

Estaba tratando de escapar de su vida pasada, pero algo la ataba a ese hombre malo que la hacía sentir como victimaria para así callar sus traumas del pasado. 

Por eso ese día de septiembre cuando su ex le escribió, se preguntó dónde podría comenzar una nueva historia con ese fantasma, un ser que regresaba desde el mundo de los muertos. Jamás pensó que pudieran encontrarse de nuevo, estar juntos para tener paz interior. 

Tras muchos mensajes, fotos eróticas y negando a ese novio que vivía en el mundo de Romeo y Julieta, decidió entregarse a sus demonios por una noche más y acallar lo que le dictaba la conciencia, se sentía enamorada y confundida, pero necesitaba experimentar lentamente cómo era dejarse llevar por su yo interior.

Bailó para él con sus medias negras, acariciando su cuerpo y montándolo suavemente para sentir placer en ese sitio que ella solo sabía, aunque estaba segura que unas horas después la iba a invadir el odio contra si misma por recaer en esa cama. 

Se besaron, se lamieron y fornicaron como perros, iniciando una historia que no tendría final, que destruiría sus vidas y la de otros al abrir sentimientos incontrolables que los llevaría a un hueco sin fondo y sin regreso.