Ni los de un lado ni del otro se imaginaban la magnitud de lo que ocurrió el domingo pasado, cuando con un porcentaje de participación que no se veía desde 1989 (casualidad que fue la fecha del mentado Caracazo) los venezolanos castigaron a un modelo que tiene al país navegando en la ola de una inflación sostenida y galopante. 

Ese majestuoso resultado sirvió para que un grupo celebrara por todo lo alto, mientras que el otro (como usualmente hace) rechazara haber sido derrotado y se cobijara bajo una supuesta guerra contra él

La victoria de la "derecha" también trajo al protagonismo de la opinión pública a este señor que, según los de izquierda, representa lo peor del modelo de la CUARTA. Un señor flaquito, con voz chillona y con una lengua tan peligrosa como un paseo por la redoma de Petare en plena madrugada.

Este zorro viejo de la política venezolana ha dicho unas cuantas verdades causando una terrible polémica entre opositores y chavistas. Su lenguaje es certero, coloquial y tan radical que se lleva a unos cuantos por delante ¿no les parece que también son características de la forma de hablar de un ser que pasó a otro plano y se sembró en el corazón del pueblo? 

Creo que el "viejito" merece una oportunidad para demostrar cómo se hacen las cosas, una cuestión es decir misa y otra muy distinta tratar a la gente como basura (termino que usó alguien para referirse a un funcionario de la OEA) o vagos. No me parece que la estrategia de defensa ante esos comentarios sea usar a unos trabajadores de un canal del Estado como víctimas, eso no está bien bajo ningún concepto. (OJO, tampoco estoy de acuerdo en que la esposa del más afamado preso político de este país use a sus hijos como modelos fotográficos de vallas electorales baratas). 

Ambos bandos tienen que reflexionar. Uno aceptar que está pasando de moda y el otro, darle a ese 74,25% de la población todo lo que pidió y deseó cuando presionó en la boleta electoral una sola palabra: Unidad y cambio para Venezuela.