En ese momento solo era oscuridad, el silencio reinaba y nada se movía. De repente una gran luz lo iluminó todo, una explosión estremeció el ambiente.

Ese día nació una gran princesa blanca. Era fría como la nieve, un manto de hielo la cubría y con un beso mágico creó un amigo de fuego para darle calor.

Luego del nacimiento, la oscuridad volvió. Ambos seguían rodeados de un manto negro, en silencio se abrazaban y el amor de la princesa hacía que el cuerpo de fuego de su compañero fuera creciendo al pasar el tiempo.

Llegado el momento los dos eran del mismo tamaño, pero el caballero de fuego estaba preocupado porque cada vez que se acercaba a la princesa esta se derretía un poco y se hacía más pequeña.

Por eso, ambos decidieron alejarse para siempre. Con un pequeño beso de despedida se separaron, la princesa blanca quedó con una marca de amor y el caballero de fuego quedó encendido de amor.

Así nacieron el día y la noche. El caballero de fuego es admirado por todos, por su gran cuerpo amarillo y brillante. La princesa blanca también ilumina el corazón de los amantes, quienes son acompañados por las estrellas brillantes, que no son más que lágrimas de hielo que la princesa derrama extrañando a su caballero de fuego.