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Estados Unidos sigue siendo el país más poderoso del planeta. Su Gobierno es influyente, tiene el aparato de inteligencia para mover los hilos de otras naciones, genera cambios en otras “democracias” con tan solo una llamada telefónica y aún muchos lo ven como el lugar en el que ser rico, famoso o absolutamente feliz es posible.

En mi opinión esto es una realidad para todos los que estamos fuera de ese territorio marcado por la Estatua de la Libertad, los maravillosos discursos de Barack Obama y Mickey Mouse; sin embargo, para los que están allí dentro esto tal vez no sea verdaderamente cierto. Hay un sector de la sociedad estadounidense que aún sufre por las consecuencias de ese sueño: los afroamericanos.

Los titulares vuelven a colocar en el centro del debate la tragedia que causa la brutalidad policial: Keith Lamont Scott, un afroamericano residente en Charlotte, Carolina del Norte, murió tiroteado por un policía “negro” en circunstancias poco claras.

De acuerdo a los reportes de la policía, un grupo de funcionarios atendía una llamada cerca a donde estaba Scott cuando lo avistaron en actitud sospechosa dentro de su vehículo. El oficial que le disparó, quien para ese momento vestía de civil, declaró que el “sospechoso” tenía en sus manos un arma y además estaba preparando un joint de marihuana.

La defensa de la familia, se ha encargado de desmentir el parte oficial. Aseguran que Scott sufría de una lesión traumática en el cerebro, estaba leyendo un libro en el momento de los disparos y no representaba ninguna amenaza para nadie.

Hasta ahora todo se ha convertido en una guerra de opiniones y también en una batalla campal en la calle, la ciudadanía se ha mantenido en protestas en las calles reclamando por una justicia que al parecer no ampara a los afroamericanos desarmados.

BrianBlanco/GettyImages - Mic 
Aunque  el de Scott es uno de los casos más mediáticos de los últimos meses, en otros estados se han reportado tiroteos por parte de policías en contra de jóvenes afroamericanos que simplemente tenían en sus manos una pistola de juguete.

El sistema judicial estadounidense aparentemente está corroído, no distingue entre buenos y malos, y mientras se da un intercambio de videos e imágenes para darle la razón a uno u otro bando, muchos sufren y esperan que la verdad salga algún día a la luz.

No sé si valga la pena hacerle caso a la policía, soltar las armas (drop the gun) o simplemente que los afroamericanos sigan luchando por sus derechos, por un trato igualitario y que en algún momento se cumpla el sueño de aquel grupo de Selma que siguió Martin Luther King hasta sus últimos días.