Creo que toda mi vida he estado caminando sobre un puente de cristal, infinito y cubierto por una niebla espesa.

Hace 28 años di un paso hacia ese puente. El camino ha sido demasiado largo, demasiado pesado en algunas oportunidades, la brisa empuja mi cuerpo hacia los lados y a veces, la lluvia me ha hecho resbalar.

No hay vuelta atrás. Sigo hacia adelante contra todo obstáculo. Al disiparse la neblina, en el fondo del precipicio veo ciudades, gente deambulando de acá para allá, veo las aves volar e incluso el sol que los ilumina.

Camino sobre todos ellos. En el horizonte, al final de esa lámina de cristal que ha sido mi piso desde que nací, veo gente que me espera y me hace señas para que siga a mi destino.

No hay vuelta atrás. Muchos me han tomado de la mano para acompañarme, pero sin darme razones, me han dejado y han regresado por donde vinieron. A veces veo hacia atrás, intentando recordarlos o verlos, pero nadie está allí. Camino solo.

Cuando estoy muy cansado, no sé si mi mente me juega una mala pasada pero veo que el puente se estira hacia adelante y no tiene fin, parece infinito. Pero sigo caminando, aunque mis pies duelan y nadie me acompañe. No hay vuelta atrás.

Ideas escritas mientras escuchaba "On the turning away" de Pink Floyd